Domingo Faustino Sarmiento se planteó una revolución política a partir de aprender y enseñar: generar una ciudadanía y una identidad. Hoy, en un mundo en crisis sanitaria y con paradigmas que caen, para el mayor especialista argentino sobre el sistema educativo el desafío es crear instituciones que enseñen a producir conocimiento y a pensar. Educar puede ser una herramienta de desarrollo y, más audazmente, puede ser un medio que termine con la grieta. Se trata de encontrar la sofisticación en las ideas, la innovación y la capacidad de diálogo.
¿Qué expectativas tenés en relación con el retorno presencial a las clases?
Es una gran necesidad, que también tiene muchos riesgos para definirnos como sociedad en relación con la educación. Cómo la pensamos, la protegemos y la priorizamos. Creo que va a ser mucho más fácil que podamos continuar con las clases presenciales e incluso expandirlas si somos capaces de cuidarnos socialmente para protegernos fuera de la escuela.
¿Temés que haya un rebrote y genere una vuelta hacia atrás?
Necesitamos escuelas seguras que nos hagan sentir tranquilos a los alumnos, a los docentes, a las familias.
Las escuelas no se pueden cambiar de un mes para el otro.
Tienen muchas condiciones de infraestructura difíciles de modificar. Es muy importante la inversión pública en la ventilación.
Eso sí se podría modificar con cierta rapidez.
No es fácil, pero hay que hacer todos los esfuerzos. Hay que proteger mucho a los docentes.
En economía se habla de distintos esquemas de recuperación: en V, en la V de Nike, en U. En educación, ¿cuál es tu perspectiva respecto de la recuperación de lo perdido en 2020?
Es una gran pregunta. Es muy difícil que en 2021 se recupere lo que se perdió en 2020. Además, seguimos con condiciones limitadas de la organización del sistema educativo. Dependerá no solamente de si logramos mantener la presencialidad, sino de mucho trabajo invisible. Cuestiones vinculadas a cómo organizamos el sistema educativo, cuál es la flexibilidad que podemos conseguir para reconducir el aprendizaje por nuevos espacios. A veces, el sistema educativo es muy rígido. La escuela secundaria tiene horas cátedra asignadas por bloques, por ejemplo. Necesitamos mucha flexibilidad para que los alumnos que tienen familiares en riesgo puedan seguir educándose en su casa. También para que si aparece una burbuja que cierra durante unos días siga el sistema educativo funcionando. que funcione con buenas actividades. Si logramos adaptarnos, es posible que no se pierda tanto. Y que aprendamos mucho más para el día después. Incluso, que tengamos un sistema educativo mucho más potente que antes de la pandemia.
¿Podremos salir de la pandemia con un sistema modernizado a través de las herramientas informáticas?
Los que pasaron esta situación van a perder mucho, será difícil de recuperar. Es muy difícil de predecir cuánto. Pero a lo largo de este tiempo la ganancia será mucho mayor de lo que se perdió. Los docentes aprendieron a trabajar en línea como nunca antes. Son lecciones que servirán más adelante.
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