domingo 7 de marzo de 2021
Perfil

Ya lo dijo Mauricio Macri (¿?): que mueran todos los que tengan que morir

POLITICA | Por Edi Zunino | 28 de October 12:14

Aburrir es la acción -en general no deseada pero no siempre inconsciente- de convertir algo en aburrido, sensación que, consolidada hasta el paroxismo, se convierte en una cosa densa pero impalpable que llamamos aburrimiento. Hay una polémica solapada sobre el origen del sujeto “aburrimiento”, del adjetivo “aburrido” y, por lo tanto, del verbo “aburrir” (o “aburrirse”).

Aburrimiento es tedio, pesadez, hartazgo, sopor, fastidio ante algo poco interesante, soso, reiterativo, ni fu ni fa… Y tiene raíces comunes con aborrecer, que es odiar. Odio y aburrimiento, dos sensaciones que hoy nos definen tanto, vienen peleando codo a codo desde el fondo de los tiempos contra el horror a lo que verdaderamente espanta o lisa y llanamente no importa. O contra las dos cosas, porque se puede dar la espalda por odio, pero también por desinterés.  

La cuestión es que, además de con bronca y junando, estamos aburridos. Acaso sin tener en cuenta -insisto en el tal vez- que lo aburrido puede ser muy serio y afectarnos muy en serio en nuestras vidas reales de todos los días. El aburrimiento, como cosa, como “sujeto”, puede ser un sentimiento demasiado engañoso. Evasivo. Infantil. Y perjudicial, si se lo reivindica como si se tratara de un derecho (¿hay un derecho social a aburrirse?). Pero cuidado, también, porque lo contrario del aburrimiento no es necesariamente la diversión en términos absolutos, ni lo divertido tiene por qué ser necesariamente liviano, irrelevante o superficial (en los mismos términos absolutos).

A ver… Los peronistas creen que el macrismo es aburrido, porque carece de esencia pasional; mientras que los macristas creen que el peronismo es pan y circo, puro entretenimiento sin sustancia. Por eso, los peronistas tienden a creer sin ninguna prueba que Mauricio Macri le dijo a Alberto Fernández: “Dejate de embromar con la cuarentena, che, no se puede paralizar el país; que se mueran todos los que se tengan que morir”. Y, aún más allá de la desmentida del expresidente, los macristas creen que se trata de un entretenimiento barato -y miserable, por cierto- sólo porque lo dijo el Presidente.

La cuestión es que no importa quién lo dijo o no lo dijo ni con qué intención dramatúrgica o reveladora dijo que lo dijo el otro, pero vamos promediando este año tedioso con cierta resignación, más amarga o más pragmática, de que, como en el cine americano, todos vamos a morir (ojo: sólo si fuese necesario, porque todos, así, en general, cuando se habla de estas cosas, suelen ser todos los demás). A la par del barbijo, bajamos la guardia. Nos aburrimos de la pandemia, de andar contando contagios, muertos y curados porque andá a saber si esas cifras son ciertas. 

Nos aburrió la realidad. Tomemos como el colmo del aburrimiento el caso del vuelo 2762 de Austral, que anoche partió de Ezeiza y aterrizó en Posadas a las 21:47 con 58 pasajeros que terminaron todos aislados porque uno estaba contagiado. Lo sabía desde antes de salir, por eso no presentó el certificado correspondiente y aún así lo dejaron ir pasando los controles y subirse al avión, a condición de que se hiciera el hisopado… ni bien llegara a destino. 

Hoy, la Argentina va a llegar a la cifra trágica de 30.000 muertos y a lo sumo, en Twitter habrá bromas de mal gusto. No es un problema esencialmente argentino: Europa refuerza los toques de queda todos los días, frente a un rebrote que parece más salvaje que el brote, pero la gente está aburrida de hacer lo correcto. La verdad, yo no creo que este tedio espantoso se haya vuelto ideología global hace apenas 10 meses en un mercado del Lejano Oriente.

 

por Edi Zunino

Galería de imágenes

Comentarios

Espacio Publicitario

Espacio Publicitario