domingo 26 de septiembre de 2021
Perfil

Tumbas al rojo vivo

POLITICA | Por Edi Zunino | 30 de April 11:26

Ayer, mientras los colectiveros agrupados en la UTA lanzaban su plan de lucha para ser considerados “trabajadores esenciales” y recibir vacunas en cuanto haya, se sumó otro reclamo gremial por el estilo: el de los afiliados al SOECRA, sigla que resume al Sindicato de Obreros y Empleados de Cementerios de la República Argentina, que desde hace 15 años también representa a los empleados de cocherías y crematorios, y que amenaza con no trasladar muertos ni sepultarlos o cremarlos si no se los pone en la lista de inmunización. 

Puede sonar a pataleta infantil si se compara la Argentina de hoy con lo que está pasando en la India, donde el espanto pandémico superó todos los cementerios y se incineran cuerpos de a cientos por vez en lugares abiertos, uno al lado del otro. De todos modos, el reclamo del SOECRA exhibe una realidad que se empezó a volver desesperante frente a la segunda ola del Covid-19. Los sindicalistas aportan un dato duro: aseguran que, a la par del alto estrés en el sistema de salud, los cadáveres empiezan a desbordar las morgues y sus equipos de refrigeración, lo cual suma la descomposición de los cuerpos a la enfermedad que los llevó hasta ahí. Insalubre.

Este 1° de Mayo llega signado por conflictos verdaderamente de terror. O sea, ni tumbas. Tumba viene del griego: montón de tierra quiere decir. Sepulcro viene del latín arcaico popular: significa “no pulcro”, es decir feo, sucio, que no es bello… Los etimólogos llevan grabado en la memoria un epitafio hallado en la tumba de una romana llamada Claudia, del Siglo II a.C., con un llamativo juego de palabras: “… aquí está el sepulcro no pulcro de una pulcra mujer…”, reza el escrito en piedra.

La historia de nuestro sindicato de los sepultureros no viene de tan lejos, claro está, pero su líder, Domingo Petrecca, a quien todos llaman “Mingo”, se hizo cargo por primera vez del gremio en 1963, cuando los militares derrocaban a Arturo Frondizi, y lo conduce sin interrupciones desde agosto de 1973. Cinco décadas casi. Tiene 82 años, Mingo. En su biografía, publicada en la página oficial del SOECRA, dice: “Nació justo el año en que Juan Domingo Perón es designado agregado militar en la Italia de Benito Mussolini y comienza a recorrer el camino hacia el nacimiento del Peronismo y su doctrina social”. Curiosa asociación, ¿no?

Entró a trabajar al Cementerio de la Chacarita con apenas 15 años. Heredó el puesto por la temprana muerte de su padre, cumpliendo una costumbre ancestral: el de enterrador es un viejo oficio de familia. También es una dimensión repleta de mitos, profanaciones, cábalas y fantasmas.

El Cementerio de la Chacarita cumplió este 14 de abril sus primeros 150 años. Fue creado para responder a otra gran epidemia, la de la fiebre amarilla. Anselmo Casella fue sereno de la Chacarita durante casi medio siglo. Contó hace poco Casella: “Yo creo que hay que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos, aunque muchas veces he sentido voces, conversaciones, cuchicheos, gritos y llantos de mujer y bebés, en fin, una gama de sonidos inexplicables que suelen ocurrir por las noches o las madrugadas. Incluso he llegado a ver sombras caminando entre los panteones o tumbas recientemente usadas. Yo no les tengo miedo -dijo Don Anselmo-, cuando esto ocurre me pongo a rezar para que esa alma atormentada vaya al lugar que le corresponde”.

Otro sereno ilustre, trabajador de cementerios pero en su caso de la Recoleta, fue el italiano David Alleno, que fue contratado para ese puesto hace 140 años exactos. En esas noches entre muertos de alcurnia, Alleno amasó su sueño, más bien una obsesión: ser sepultado en ese distinguido cementerio, donde reposan tantos próceres. Juntó plata de su sueldo y hasta sumó un premio de lotería no sólo para llegar ahí, también para tener su propia bóveda y su estatua, que todavía está a la vista con su porte de laburante y sus herramientas de trabajo. A los pies de la escultura hizo tallar el epitafio: “David Alleno, cuidador de este cementerio 1881-1910”. Nadie entendía por qué había puesto esa fecha final.Cuando estuvo listo, pidió el día franco y se pegó un tiro en su domicilio para alcanzar la meta.

 

por Edi Zunino

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