martes 11 de mayo de 2021
Perfil

Medios locos: por qué Cacho Fontana y Timoteo Griguol murieron y siguen vivos

POLITICA | Por Edi Zunino | 27 de April 13:19

Ayer a las 3 de la tarde murió Carlos Timoteo Griguol, que viene a ser como el padre de los últimos románticos del fútbol. Antes de las 4 estaba vivo de nuevo. Mal de salud, pero vivo.

Una hora después, a las 5 de la tarde de ayer, el muerto fue Cacho Fontana, símbolo de la radio y de la tele. Pero seguía vivo dos minutos antes de las 5 y media, cuando él mismo salió a decir que hay Cacho para rato.

Dos falsas muertes en dos horas en los principales medios del país es un caso para el Guiness de los disparates. Dentro de 40 días vamos a estar celebrando un nuevo Día del Periodista. Tal vez sería provechoso usarlos para reflexionar sobre por qué el 26 de mayo podría ser declarado el Día del Garrón Periodístico. Y, ya que estamos, por ahí valdría la pena no detenernos sólo en el Caso Griguol-Fontana y mirar observar bien, bien cómo se está haciendo periodismo en estos tiempos de vacas flacas, virus enloquecedores y dirigencias siempre al borde de un ataque de furia.

Pocos acontecimientos son tan absolutos como la muerte. Se muere o se vive, no existen terceras ni cuartas opciones. Por otro lado, se supone que chequear la información antes de darla vendría a ser el primer mandamiento de la religión periodística. La pregunta es por qué importantes medios y periodistas de renombre dejan de chequear antes de publicar o hacer público algo. Voy a apuntar algunas sinrazones que, juntas o por separado, pueden llevar a semejante barbaridad:

1) El auge del online llevó al paroxismo la tradicional ambición periodística de llegar primeros. Este caso demuestra –dos veces a falta de una- que la primicia es una diosa traicionera y que la carrera no es sólo contra el tiempo: es, más que nada, contra el descrédito del papelón.

2) La ingenuidad no sólo afecta a periodistas sin experiencia. El más pintado, humano al fin, puede dejarse llevar por el runrún que corre por los desagües de las redes sociales, o puede darle crédito a una sola fuente, o puede querer salir lo más rápido posible de la incomodidad al ver que la competencia ya tiene “la noticia” (y si la tienen, será porque ya la chequearon).

3) El exceso de autoestima puede ser otra gran razón para meter la pata. Chequear implica el reconocimiento explícito de que uno no sabe nada (y últimamente la humildad no vendría siendo la cualidad más sobresaliente de nuestros principales comunicadores).

¿Podríamos sumar la desidia como causa? Sí, pero no me animaría a generalizar: el Caso Griguol-Fontana no fue, precisamente, cosa de vagos. ¿Y de irresponsables? Bueno, un poco sí, pero el ejercicio de la responsabilidad es un ejercicio mucho más complejo que llamar a alguien irresponsable y listo. Por otra parte, apuesto a que ninguno de los que debió despublicar o disculparse ayer le haya dado lo mismo.

Sí sumaría que la guardia baja puede ser un signo de estos tiempos en que la charlatanería y el insulto disfrazado de opinión son tomados por muchos como información de calidad. El Caso Griguol-Fontana parece ser una estación apropiada para frenar la calesita.

 

por Edi Zunino

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