domingo 5 de julio de 2020
Perfil

Los dólares de Kristalina y el peso de Cristina

POLITICA | Por Edi Zunino | 04 de June 11:42

El lunes 8 se supone que será el Día D. El día de la deuda, quiero decir, ya que entonces la Argentina debería formalizar, a través del ministro Martín Guzmán, la propuesta definitiva a los acreedores privados del país.

Sería muy aventurado, aún siendo ya jueves 4, definir con certeza cuántos bonos van a terminar dando forma al planteo, con qué vencimientos y reconociendo cuántos dólares o euros cada 100. Lo que sí puede decirse hoy es que el Gobierno demostró su voluntad negociadora, también lo hicieron los principales grupos de bonistas y el Fondo Monetario Internacional se exhibió como una especie de “mediador racional” que, en cierto modo, le allanó el camino a la dupla Fernández-Guzmán para desplegar su intento de no caer en un ruidoso default absoluto.

Es lógico pensar que esta para algunos sorpresiva y para otros contradictoria “buena leche” del FMI tenga que ver con que el organismo es acreedor, quiere cobrar y compite para ello por “la misma caja” con los tenedores privados. Pero nada es tan sencillo en la vida. Dos más dos no siempre es cuatro. Y menos si, en el medio, hay política.

El Fondo y los bonistas pueden parecer iguales en términos de “acreedores”, pero para uno el dinero es más bien un medio y para los otros, es antes que nada un fin. El FMI quiere recuperar la plata que prestó, pero es un organismo multinacional eminentemente político. Los grandes países que definen sus decisiones pueden darse el lujo de mostrarse “sensibles” en medio de una crisis de tanta magnitud global como la de ahora. Los acreedores individuales, en cambio, deben entender la política porque le han dado crédito a países y no a personas, pero su punto de vista esencial es la platita. A veces, no perder es ganar un montón. Ellos lo saben. Trabajan de eso.

La cuestión es que, de pronto, el tan cuestionado Fondo pasó a ser un aliado central de la Argentina. Es cierto que, cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía: ya se cobrarán el “doble favor” de haber de haber prestado primero y no apretar en este contexto delicadísimo. Pero, en este momento, la búlgara Kristalina Georgieva es mucho más importante en la vida de Alberto Fernández que la platense Cristina Kirchner.

Me dirán que Kristalina y Cristina ocupan lugares distintos desde sus diferentes dimensiones. Que la ex presidenta del Banco Mundial juega en el ajedrez grande y la ex presidenta de los argentinos es su principal sostén de cabotaje… Lamento cuestionar ese facilismo pre pandemia. En estas horas, Cristina Fernández acompaña más de lo que sostiene. Lejos de las elecciones y con un Parlamento disminuido al home-office, los verdaderos sostenes del Presidente son territoriales y corporativos. Se llaman, en este orden, gobernadores, intendentes, movimientos sociales y sindicatos; y en algunos casos, esos apoyos incluyen a dirigentes opositores.

Claro que una vez más, aunque esta vez con otro nombre, pero siempre con la pobreza como telón de fondo, el asunto crítico es la provincia de Buenos Aires. El Gran Buenos Aires, para ser bien precisos.

Axel Kicillof es el único gobernador cristinista del país, si bien no es precisamente por eso que “baila con la más fea”. Si la pobreza siempre es una bomba de tiempo, la ecuación pobreza + crisis + pandemia hace que la bomba sea neutrónica.

Y mientras, el lunes, tal vez haya que darle las gracias a Kristalina con bombos y platillos. La espada de Damocles del Presidente viene, objetiva y sanitariamente, de territorio cristinista.

por Edi Zunino

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