domingo 7 de marzo de 2021
Perfil

Lanata en el barro: cómo comerse un pedacito de MasterChef Celebrity

POLITICA | Por Edi Zunino | 18 de February 13:27

Jorge Lanata es un profesional de la comunicación. En varios aspectos, sería justo decir que es genial. Descubrió, por ejemplo, que no andaba como empresario porque él es un producto en sí mismo; una unidad de negocios con su propia lógica.

La TV y la radio -sobre todo la tele- son más parientes del teatro, es decir, de las luces y la dinámica showbiz, que de la sobriedad austera del periodismo escrito. En la tele, la persona (digo: el “autor”) es un personaje. Más que en ningún otro medio, en la televisión no importa tanto lo que se dice como quién lo dice. Y construir ese personaje es un arte en sí mismo, que implica ser capaz de cambiar e incluso bancarse ciertas concesiones que, en otros tiempos, ni se las hubiera pensado sin evaluar una traición a los principios.

El Lanata de hoy está consolidado como showman desde su propio aspecto. Primero se animó a sumar algunos colores a su atuendo de periodista gráfico y escritor “aburrido”: recuerdo una gastada poco sutil del Turco Asís por la “camperita salmón” con que asistió, promediando los 90, al programa de Mariano Grondona. Lanata, en su búsqueda, se animó hasta al teatro de revistas en el Maipo, como queriéndose comer algo de Tato Bores para sumarlo a su ADN. En el Grupo Clarín, donde, según él mismo, allá lejos y hace tiempo, jamás iba a trabajar, encontró el escenario grande y el presupuesto a la medida.

Por eso llamó la atención la cizaña que le metió a María O’Donnell porque, este año, la colega aceptó participar del nuevo MasterChef Celebrity. La acusó -en broma, claro, como a veces las cosas duelen más- de “buscar fama”, ya que “el periodismo no le resultó”.

Aclaro, aunque oscurezca: esto no es una defensa de O’Donnell, que no es una nena y sabe defenderse solita, como lo hizo frente al mismo Lanata, entrevistado por ella y Ernesto Tenembaum en el programa “Corea del Centro”, cuando el “Gordo” mostró la hilacha machirula mientras hablaban de feminismo.

Más allá de alguna cuita personal que haya quedado por ahí entre ellos -el gremio periodístico tiene sus cositas, no vayan a creer-, acusar a alguien de lo que uno ya ha hecho puede tener una explicación más allá del narcisismo cínico puro y duro. Entre las cosas que aprendió para ser una star, Lanata aprendió que meterse en el barro, a su tiempo y armoniosamente, es un modo en el buen sentido artesanal y muy efectivo de reclutar y agrupar audiencias allí donde uno no llega naturalmente. Se trata de una construcción transversal que pasa por ir de vez en cuando a los programas chismosos de la tarde; o de pelear con Jorge Rial o Marcelo Tinelli, supuestas figuras de “otro palo”; o de bardear a una participante de MasterChef, el reality que lo tuvo a maltraer con el rating los domingos de 2020.

Levantar el perfil con peleítas tribales o incursiones a “territorio comanche” puede sumar públicos más allá del anti kirchnerismo visceral que hace que milita viendo a Lanata. También puede venir bien en los tiempos de estreno. Lanata debutó anoche como columnista del nuevo Telenoche de sus excoequipers Diego Leuco y Luciana Geuna. Por ser la primera vez, fue muy bueno el número: 8,2. Pero no alcanzó. Telefe Noticias hizo, anoche, de MasterChef.

 

por Edi Zunino

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