jueves 3 de diciembre de 2020
Perfil

Lanata de primera, oposición de segunda y discusiones de cuarta

POLITICA | Por Edi Zunino | 14 de July 12:59

Parece que, en el fondo, todo depende del lugar que te toque en la foto. La tele-política electoral y el info-show de las noticias se las arreglaron para formar parte del mismo circo mediático y desnaturalizaron, ojalá no para siempre, tanto el valor de la política como el del periodismo.

La lucha desesperada y a cualquier precio por el rating se parece muchísimo al desprejuicio en la búsqueda de votos, porque, de última, una y otra cosa dependen de la popularidad. El asunto es agrupar a la audiencia, a la gente, a la sociedad, al pueblo, categorías que en la sociología o en la filosofía son distintas pero en la pantalla funcionan como sinónimos, sin importar si entre los agrupados o amontonados hacen cola los exponentes prototípicos del fanatismo, el individualismo y la resignación o el miedo antisociales.

Generar mayorías de audiencia o de opinión en base al insulto, el agravio descalificante, el desprecio basado en prejuicios o en la auto-victimización construye un debate político de cuarta, aunque no de bajo costo: tratar a los otros literalmente de boludos, de chorros, de enfermos mentales o de inútiles como argumento es autoritario, contiene violencia y, en el caso de que la división sea inevitable, bueno, divide mal. A lo bestia. A lo pavote. Sin sustancia ni chance de superación posible. Ganar no significa tener razón. Ni tener razón te hace dueño de la verdad. Todo eso termina siendo carísimo. ¿O no fue así, en buena medida, como llegamos hasta acá?

Yo no creo, como Vilma Ibarra en su nafta twittera a los fuegos mediáticos del día, que el problema de Jorge Lanata no como persona sino como género televisivo y monologuista político number one del País de la Grieta, sea su “despreciable misoginia”. A ver… Le concedo a Vilma que mi punto de vista pueda estar condicionado por cuestiones generacionales y de género, pero meterse con el aspecto estético de alguien -que es lo que hizo Lanata con la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti- no sería menos inapropiado, improductivo e inconducente si se hubiera tratado, por ejemplo, de Hugo Crescenti, el director del SAME.

A mi juicio, el problema no está ni siquiera en el emisor del mensaje, sino en el receptor deseado del mensaje, al que es fácil adivinar más cercano a los terraplanistas antivacuna que a los cientificistas intelectuales con los que conversaba el mismo Lanata varios años atrás. Jorge Lanata no quiere parecerse a Baby Etchecopar y a Eduardo Feinmann, a quienes desprecia muchísimo más que a Jorge Rial o Víctor Hugo Morales, paladines del insulto de la otra vereda. El asunto central, ahora, es ganarle al mismísimo Jesús (el de Telefe). Y el domingo lo logró, gracias a Dios.

Reivindico el derecho de Vilma Ibarra a twittear contra Lanata o contra quien le parezca. De todos modos, acaso sería un poco más ordenador o productivo, desempeñándose como secretaria de Legal y Técnica de la Nación, aportar lo suyo a “bajar un cambio” como pide el Presidente, en medio del marcado de la cancha para encarar un diálogo que nos lleve hacia alguna parte.

Por ahora, luego de la agenda multipartidaria y virtual amagada ayer con la oposición, sólo se han planteado las condiciones básicas de cada uno: el Gobierno no va a tolerar que lo acusen de cualquier cosa, Juntos por el Cambio no va a tolerar que lo junten con la chusma opositora en general y el lavagnismo seguro se volcará hacia el peronismo gobernante porque los macristas lo desprecian tanto como a la izquierda. Muy rico todo.

 

 

por Edi Zunino

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