miércoles 23 de junio de 2021
Perfil

La guerra de Casero, el drama de Hipócrates y el show de los hipócritas

POLITICA | Por Edi Zunino | 02 de September 12:38

Curiosidades de la tele-política: la oposición no quiere que el Congreso funcione a través de pantallas, pero el aguante “espontáneo” en la calle a las convulsiones macristas lo lidera Alfredo Casero, que puede ser Luis Brandoni, pero que son lo que son por lo que han hecho desde las pantallas. Ojo: en otra coyuntura, donde dice Casero y Brandoni podría estar diciendo Coco Sily o Pablito Echarri… El fenómeno global de la tele-política es absolutamente transversal y los nombrados apenas son algunas de sus expresiones artísticas de cabotaje.

En este capítulo de la tele-política pareciera estarse amasando, sin ninguna clase de espontaneidad, un “que se vayan todos” por ahora muy limitado al streaming y precozmente proselitista, quiero decir, propagandístico, o sea, todavía simbólico. El problema -o la duda, en todo caso- es cómo conectará el calentamiento de la pava mediática con el caldo de cultivo circundante, donde una enfermedad sin vacuna lo complicó todo, pero todo, y por las mismas pantallas ya vemos hasta chorros a caballo. Pandemia. Miseria. Enojo sin acertar con quién. Delincuencia de tracción a sangre… A ver: un mini medioevo transmitido en vivo y en directo.

¿La verdad? No importa quién tiene la razón en nuestro renovado vodevil parlamentario: una mayoría de 127 votos podrá serlo reglamentariamente, pero en política considerar a eso mayoría es como dar por ganador al que hizo el primer gol de un 1 a 1. Eso se llama conflicto. Crisis. O ganas de crisis. Porque si la dirigencia, en vez de asomarse al balcón que da al recinto para hacer discursos se asomaran a la realidad, tal vez se recatarían un poco, al menos por un sentido de responsabilidad. O vergüenza.

Justo cuando en la Cámara de Diputados se proyectaba esta versión de “Cabaret”, la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, la Facultad de Medicina de la Plata y la ministra de Salud de Río Negro coincidían, cada cual por su lado, en un diagnóstico desolador: “Estamos perdiendo la batalla”.

Los mismos médicos y enfermeros y demás a los que aplaudíamos con emoción cuando acá todavía no pasaba nada, se declaran hoy al borde del colapso. Desbordados ellos mismos de contagiados y aislados, mientras la circulación social del virus no para y crece. Ayer, las terapias del AMBA estaban al 70%.

Saben de lo que hablan. Por ejemplo, la SATI (Sociedad Argentina de Terapia Intensiva) es una entidad sanitaria con medio siglo de experiencia, tiene 22 filiales en el país, al que subdivide en 8 regiones, para estar lo más cerca posible de donde pasan las cosas, y la integran profesionales de las 31 especialidades que interactúan en una sala de cuidados especiales. Diría que hoy son más que representantes estadísticos de la realidad del sistema de salud: SON ellos mismos, poniendo el saber pero ante todo el cuerpo, una de las realidades más acuciantes de la Argentina.

No piden aplausos. Piden que hagamos lo correcto, porque están a un toque de no dar más. Y si ellos no dan más, estamos fritos. Ni siquiera se trata de solidaridad, si te parece muy hippie o zurdito o populista el concepto. Sería buen negocio que les alcancen las manos y el aliento. ¡Y qué lindo sería tener políticos así! Por lo que hacen, digo.

por Edi Zunino

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