lunes 19 de abril de 2021
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La escuela del futuro, los miedos del presente y el chiquitaje de siempre

POLITICA | Por Edi Zunino | 17 de February 11:33

Entre hoy y fines de marzo, toda la comunidad educativa del país va a estar en actividad. En cuanto colectivo humano, hablamos del sector poblacional más numeroso de todos: se trata, redondeando, de una cuarta parte de los argentinos, entre alumnos de todos los niveles, docentes y no docentes.

De hoy a fines de marzo, va a correr el otoño y, según las prioridades establecidas, apenas una minúscula porción de esa masa humana enorme va a haber sido vacunada. Los niños, jóvenes y adultos que la integran, van a estar entrando, interactuando y saliendo de los edificios que les tocan en suerte, yendo y viniendo en transportes públicos de casa a la institución y de la institución a casa, donde conviven con otros niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.

Desde el punto de vista epidemiológico -que implica una visión combinada entre la infectología y la sociología- la influencia de la comunidad educativa es apabullante. Desconocemos su incidencia numérica en pandemia: el año pasado, las escuelas estuvieron físicamente cerradas y toda esa gente, aprendiendo a organizarse desde sus domicilios.

Hoy está empezando un experimento peligroso que, a la vez, le abre las puertas a una epopeya inédita (pero no por eso imposible). De un tiempo a esta parte, nos hemos demostrado como sociedad hasta qué punto nos caben o nos fastidian la prevención, la disciplina y la solidaridad.

Ahora, de un día para el otro porque no queda otra, viene una “nueva escuela” llena de protocolos sanitarios que modifican de raíz los usos y costumbres de la convivencia educativa. Chile se puso en estas horas un paso adelante para darle racionalidad a ese concepto: el presidente Sebastián Piñera -demostrando que muchas decisiones prácticas no pasan por las derechas ni por las izquierdas- puso a los docentes en la primera fila de los “esenciales” para ser vacunados.

La “nueva escuela” es, por ahora, una difusa entelequia. Y se puso tan tensa la doble grieta entre oficialistas y opositores y entre gobernantes y gremios, que el debate y las medidas se encerraron en lo ultra corporativo y pasaron por alto evaluar recomendaciones para que esa “nueva escuela” esté bien coordinada con una “nueva casa”, donde hay viejos y otros vulnerables. Y donde la nueva estructura de turnos, contraturnos y semi presencialidad rotativa vuelve a complicar -naturalmente, pero de otra manera- el funcionamiento familiar.

Hace un rato, la tele mostraba a una señora muy emocionada en la puerta de una escuela porteña. Decía: “Quise traer a mi nieta yo. Una vez que entre a la escuela voy a tener que dejar de verla, porque me tengo que cuidar hasta estar vacunada”. 

Antes, los abuelos estaban aislados y sin ver a los nietitos por las decisiones restrictivas del Gobierno. Ahora, se aíslan y no verán a los nietitos por las decisiones aperturistas del Gobierno.

Por eso… Ni derechas ni izquierdas, ni gobiernos así o asá: esto sigue, hay que cuidarse, organizarse, tener aguante… Y dejar de perder la compostura y el tiempo por un gataflorismo inútil que, debo decirlo, le da de comer a muchos políticos, pero también a tantos medios y periodistas que se auto perciben serios.

Porque hasta la abuela de recién lo sabe: el asunto son las vacunas. Y van llegando. Para la ansiedad que cargamos, viene lenta la cosa. Pero arrancarse los pelos, aparte de no mover la aguja del reloj, distorsiona la realidad y complica las coronarias.

por Edi Zunino

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