sábado 8 de mayo de 2021
Perfil

Kirchnerismo básico, payasos crueles y el tramposo espejo de Foucault

POLITICA | Por Edi Zunino | 24 de February 11:54

Ayer, el presidente Alberto Fernández imploró desde México que se termine con el “escarnio” al que -según él- se está sometiendo al Gobierno tras el Vacunagate y con la “payasada” de judicializar un caso que no reconoce figura en el Código Penal, ya que colarse no es delito.

Vamos por partes. Escarnio y payasada, para el caso, vendrían a ser más o menos lo mismo. Según la Real Academia, se llama escarnio a una “burla cruel cuya finalidad es humillar o despreciar a alguien”. O sea que, tranquilamente, el escarnio que inquieta al Presidente podría ser la obra de unos payasos ferozmente inhumanos. Podríamos decir, para abreviar, que nuestro primer mandatario está denunciando bullying.

Tratar de acolchonar las consecuencias de una mala acción victimizándose pertenece al folklore kirchnerista, pero el kirchnerismo no inventó nada en ese punto, que es parte del infantilismo humano que también afecta a los no kirchneristas y a los anti kirchneristas. Pero que un problema no sea exclusivo de alguien, en este caso de un gobierno, no achica el problema. Tal vez lo haga más grave aún, ya que gobernar es cosa de gente grande.

Por otro lado, es cierto que colarse no constituye técnicamente un delito. Para el caso, digamos que se trata de una inmoralidad carente de tipificación penal. De todos modos, aquí el problema no son tanto los colados -que también lo son- como lo es la malversación de medicamentos esenciales y escasos por parte de funcionarios públicos que hasta son capaces de transgredir las normas que ellos mismos acaban de establecer para suministrarlos.

Ya que les gusta tanto reducirlo todo a la supuesta lucha entre el bien y el mal: está mal hacerse la víctima cuando se ha metido la pata hasta el cuadril (queda flojo, ¿viste?); y está bien investigar a fondo hasta dónde pueden llegar los pornográficos acomodos para el suministro de nada menos que vacunas.

Ahora bien: tampoco dejemos de consignar que la política, la justicia y también el periodismo están llenos de “payasos crueles” que aprovechan las circunstancias para hacer dulce de morbo. Igual vale insistir: eso no achica la gravedad de las circunstancias ni la necesidad de delimitar todas las responsabilidades. Acá no está en juego la expectativa electoral de un político: está en juego la credibilidad de todo un sistema de representación y relaciones colectivas.

Mirarse en el espejo de los presuntos feos, sucios y malos para resaltar las bondades propias es un artilugio bastante vintage inspirado en la mezquindad de zafar hoy y después se verá. La trampa consiste en tomar un reflejo momentáneo como si fuera reflexión profunda. Es la filosofía de la apariencia. De la superficialidad. De lo fácil. Del a vuelo de pájaro y el palo y a la bolsa.     

En “Los espacios otros”, Michel Foucault filosofaba sobre la dualidad de los espejos entre lo real y lo ficticio. Lo cito: “El espejo, a fin de cuentas, es una utopía, pues se trata del espacio vacío de espacio. En el espejo me veo allí donde no estoy, en un espacio irreal que se abre virtualmente tras la superficie, estoy allí, allí donde no estoy, una especie de sombra que me devuelve mi propia visibilidad, que me permite mirarme donde no está más que mi ausencia. Pero a la vez, el espejo tiene una existencia real en la que produce, en el lugar que ocupo, una especie de efecto de rechazo: como consecuencia del espejo me descubro ausente del lugar porque me contemplo allí. Es un tiempo absolutamente real, en relación con el espacio ambiente, y absolutamente irreal, porque resulta forzoso comparecer ante ese punto virtual para aparecer reflejado”.

Fue Martin Gardner quien habló del efecto ambivalente del espejo sobre el ojo del espectador. El espejo, según Gardner, funciona como una especie de pantalla ilusoria que devuelve la imagen invertida de la realidad: lo que vemos en la superficie refractaria es la aparición tras el cristal de un mundo que parece tan real como el que está delante y, no obstante, es completamente ilusorio”. 

Lo que hay en el espejo es una idea, una proyección de lo mismo pero al revés. Es lo que hay, digamos.

 

por Edi Zunino

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