lunes 19 de abril de 2021
Perfil

Héroes de la propiedad privada, Guernica de Berni, Larreta villero y el perejil de Grabois

POLITICA | Por Edi Zunino | 30 de October 12:22

El 29 de octubre podría ser tranquilamente instituido como el Día de la Propiedad Privada. Raro que la oposición no lo haya sugerido todavía, visto el tono adquirido por esta nueva grieta que hizo eclosión ayer por la coincidencia de los desalojos de Guernica -sur del GBA- y Santa Elena -noroeste de Entre Ríos-. En lo personal, nunca había visto gente que canta el Himno Nacional y al final del “¡O juremos con gloria morir!”, en vez del clásico “¡Viva la Patria!”, grita “¡Viva la Propiedad Privada!”. 

Esta nueva fractura es falsa. No responde a una división real de la sociedad argentina. Fue la Justicia quien mandó desocupar tanto uno como el otro predio. Y en ambos casos se expresaron a la vez muy pocos problemas parecidos, así como muchas circunstancias totalmente distintas.

Lo único que conecta en serio -pero en serio, sin consideraciones elecoralistas ni presuntamente ideológicas- la toma de Guernica con la intrusión de la estancia “Nueva Casa” es el contexto de pobreza y marginalidad en ascenso que define la realidad política, económica y social de la Argentina. Pero, por más que se insista en politizarlo todo para encajarlo en la lógica oficialismo-oposición o izquierda-derecha, el “derecho a la vivienda por mano propia” de Guernica no tiene nada que ver con el “Proyecto Artigas” de Juan Grabois, empujado por una heredera en disputa con sus hermanos como es Dolores Etchevehere. Está bien: sumemos el olor a humo.

Al final, digamos que Guernica en la versión de Sergio Berni (no confundir con la de Pablo Picasso) es también un revoltijo de seres aunque no a causa de un bombardeo, sino de la constante caída en picada del país y el hacinamiento en el GBA. Guernica se resolvió con una orden judicial cumplida por la policía, no sin demoras políticas, pero con el aval directo del ministro de Seguridad e indirecto de su jefe, el gobernador Axel Kicillof. 

El campo entrerriano de los Etchevehere dejó imágenes lamentables de gente sin barbijo ni la más mínima distancia sanitaria. Hablo de gente, sin distinción de personas importantes, adineradas, de políticos figuretis con la Pato Bullrich Pueyrredón a la cabeza, de marginales de dudosa vocación productiva y de curiosos de todo pelaje sin barbijo ni prudente distancia. Los únicos que parecían cumplir los protocolos eran los policías, aunque en su caso, sobre todo los de infantería, los barbijos eran un detalle más del uniforme de combate que, por suerte, no hubo.

El Gobierno actuó bien en Guernica. Hizo lo que debía. Pero en la solución puede estar agrandando el problema: obviamente que el GBA no necesita tomas de tierras, pero tampoco créditos a mansalva para que la gente se la rebusque arraigándose más en esta metrópoli de un país imposible. Se necesita urgente un plan de descentralización de la Argentina, no más centralización en nombre de la eterna emergencia. Promover Argentina en toda la Argentina a largo, no a uno u otro partido de gobierno para la próxima campaña.

Desde Entre Ríos viene otro mensaje. Por su propia capacidad técnica y operativa, los movimientos sociales podrán participar de algunos programas sobre la economía popular que ya pusieron en marcha la Nación, el gobierno porteño y otros, más los que se les puedan ir sumando. Ensayarlos por cuenta propia, por más que una heredera en conflicto de intereses con sus hermanos les abra las puertas de un campo, solo los vuelve unos pendencieros al filo de la ley. Más aún si su productividad para por sembrar algunos perejiles y apios que irradian poco futuro. El discurso de Juan Grabois para “asumir la derrota” lo hizo retroceder 20 casilleros en su juego de la oca del piquetero racional. ¡Pobre Artigas, encima de lo mal que nos lo enseñan en la escuela!

Ayer mismo pasó algo que reconoce el mismo telón de fondo de la misma pobreza acumulada y debería generar cierto optimismo. La Organización Mundial de la Salud felicitó al gobierno porteño por haber sabido evitar una catástrofe sanitaria en los barrios más vulnerables de la Ciudad, trabajando en conjunto con las organizaciones de vecinos y en permanente coordinación con las autoridades nacionales.

Se le dio poca bolilla al asunto. Si hubiera sido una noticia a la par de las otras dos, tal vez el 29 de octubre podría ser instituido, aunque sea intranquilamente, como el Día de Hagamos lo Correcto.

 

por Edi Zunino

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