martes 21 de septiembre de 2021
Perfil

Genética y anatomía de La Cámpora (los “pibes” crecen)

POLITICA | Por Edi Zunino | 21 de May 13:11

Kirchnerismo va, cristinismo viene, La Cámpora está cumpliendo 15 años desde su fundación oficial. Y sus fundadores ya tienen poco que ver con aquellos inexpertos Sub 30 cuyo único trabajo conocido era agitar a “los pibes para la liberación” en algunas plazas, algunos barrios o el Patio de las Palmeras. Máximo Kirchner, Andrés “Cuervo” Larroque y Eduardo “Wado” de Pedro van para los 45 y tienen responsabilidades políticas e institucionales importantes en este regreso poco ortodoxo del kirchnerismo al poder, con La Jefa como vicepresidenta.

Máximo, más allá de que nunca pueda quitarse la mochila de “hijo de”, es el principal armador oficialista en el Congreso, junto a un peronista-liberal como Sergio Massa y otro “camporista” en el Senado, el ex Aerolíneas Mariano Recalde, que con 49 años es el mayor de todos. Máximo ya es “legal” en el establishment, no sólo político. Lo mismo que Wado de Pedro, que recorriendo el resbaloso espinel de los gobernadores como ministro de Interior se reveló como un dialoguista mesurado. En cuanto al “Cuervo” Larroque, quedó en sus manos el día a día más gris pero más obsesivamente estratégico para el grupo: desarrollar la fuerza propia en el Gran Buenos Aires como ministro social de Axel Kicillof.

Hace rato que lo suyo va más allá del simbolismo retórico juvenil para quedarse con el sello de “lo nuevo” que nos dejaron el desbarajuste del 2001 y el “que se vayan todos”. El setentismo se les fue evaporando del lenguaje, lo cual no es sólo bastante razonable sino, sobre todo, históricamente justo, porque el formato de La Cámpora es más bien ochentista, quiero decir: más parecido a la Junta Coordinadora alfonsinista que a la Gloriosa Jotapé de Montoneros. Del mismo modo que, más que el nacionalismo popular que pregonan, los verdaderos orígenes de su modelo están más en Madrid y en México que en las fábricas del Conurbano.

En 2005, Néstor Kirchner se llevó a varios de ellos, muy jovencitos, a España para que conocieran de primera mano la experiencia de los ciber-militantes de la Puerta del Sol y así aprendieron a juntar voluntades en las redes sociales, donde estaba vacante y disperso el activismo que haría eclosión entre el velorio de Néstor y la pelea con el Grupo Clarín. Por otra parte, la experiencia de Juan Manuel Abal Medina (padre) en México les sirvió a los K para entender la fórmula del Partido Revolucionario Institucional y su escisión hoy gobernante con Andrés Manuel López Obrador, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que antes de eso fue la Corriente Democrática del PRI.

Muchas veces, el kirchnerismo fue acusado de no ser peronista y, de hecho, sus tensiones con el peronismo más tradicional siguen estando a la orden del día. Sin embargo, los Kirchner jamás amenazaron romper y Máximo espera paciente que el justicialismo bonaerense le permita presidir el partido desde diciembre (aunque él quisiera asumir ya mismo). Claro que este corrimiento al centro no quita que el kirchnerismo, con La Cámpora como engranaje principal del experimento, siga siendo, como el PRD mexicano pero sin abandonar el barco, el puente hacia distintas agrupaciones políticas y sociales más definidamente de izquierda. 

En el caso de La Cámpora, la reivindicación mitológica del peronismo de izquierda se vuelca en la praxis como una especie de foquismo pero de matriz muy conservadora en busca del arraigo territorial. Sería también un acto de justicia con la historia: el dueño de la “marca”, Héctor J. Cámpora, nada tenía que ver con la izquierda, era un odontólogo rural muy chapado a la antigua. Y ni hablar de su vice, Vicente Solano Lima, que directamente presidía el Partido Conservador Popular.

Pero bueno: cuando se habla de poder, la ideología es papel picado…

 

por Edi Zunino

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