domingo 29 de noviembre de 2020
Perfil

Entre Fernández y Larreta, hoy vale quedarnos con Sarmiento

POLITICA | Por Edi Zunino | 11 de September 12:10

Ya sé que hoy estamos cumpliendo 6 meses de declarada la pandemia. Ya sé que Alberto y Horacio de golpe se están matando por plata y por dejar claro quién es más dialoguista y, de paso, están lanzando la campaña electoral con una grieta que pueda superar a la de Cristina y Macri.

O sea, ya sé que la agenda de actualidad está cargadísima y que los periodistas somos vehículos de esa parte de la realidad… Pero hoy es el Día del Maestro, y aparte de haber miles de docentes cumpliendo su tarea en condiciones que jamás imaginaron y que merecen nuestro abrazo a la distancia, se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento.

Y esta vez me parece que la evocación tiene su foco especial -aunque 132 años en sí no significan especialmente nada-, porque nos toca evocar a Sarmiento en el año del Bicentenario de Manuel Belgrano.

Sarmiento y Belgrano no se conocieron. Cuando uno cumplía un mes de recién nacido en San Juan, en marzo de 1811, el otro estaba combatiendo en Tacuarí. Pero hay hilos conductores que los unen, mucho más profundamente que los cuadritos, las figuritas y las estatuas.

A ver:

• La apertura a los conocimientos y los pensamientos de su época.

• La idea de hacer un país, de inventarlo.

• La noción de progreso basada en el desarrollo económico.

• La obsesión por la escuela, en su doble rol de inclusora y formadora del personal apto para tal desarrollo.

• Y una llamativa valoración del aporte social y ciudadano de las mujeres, cuando el feminismo ni siquiera existía como concepto.

Hay cierto revisionismo necio que niega a Sarmiento, lo descalifica, lo “fusila” como con bronca y, al cabo, lo elude por su combate intelectual y militar a los caudillos populares y a la “barbarie” de las montoneras gauchas, en pos de una “civilización” europeizante. Una lástima. La simplificación supuestamente ideológica les impide descubrir al Sarmiento puntualizado más arriba y, además, al escritor romántico y al fino pensador moderno (de la modernidad que le tocó) que, aún positivista, desde su darwinismo social llegó a cuestionar a los propios integrantes de su clase dirigente por elegir las comodidades del “olor a bosta de vaca” en vez de optar por un desarrollo industrial lo más autónomo posible, como los Estados Unidos de aquel entonces.

No sólo el Sarmiento de “Facundo”, que ya por eso solo merece monumentos. También por el de “Argirópolis”, su propia utopía. O el de “Conflicto y armonías de las razas en América”. En esa síntesis aparecen el filósofo occidental de vanguardia, el narrador, el político, el militar, el antropólogo, el urbanista, el obsesivo por la hidráulica, la agricultura intensiva, la minería y hasta los derechos laborales cuando promedia el Siglo XIX. Además del científico que reniega de Dios (sin énfasis, era un político en medio de sus circunstancias).

Al morir, Sarmiento tenía abierta sobre su atril la “Filosofìa sintética”, de Herbert Spencer. Leo a Spencer: “Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros. (…) El ejercicio de la dominación material apareja inevitablemente, para el que la practica, una esclavitud más o menos acentuada”.

 

por Edi Zunino

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