domingo 7 de marzo de 2021
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Caso Acuña: los números que delatan el falso debate educativo

POLITICA | Por Edi Zunino | 24 de November 12:51

El supuesto debate educativo se calienta todos los días un poquito más y hasta parece serio, porque gente muy importante le pone mucho énfasis a lo que parecen ser convicciones profundas sobre principios esenciales. Sin embargo, viendo por dónde transcurre de veras la discusión, habría que considerar que esta clase de contrapuntos lo único que logran es educar mal. O sea, lo contrario a lo que parecen defender. Enseñan que lo importante es tomar partido por una de las posturas en cuestión y descalificar al otro con la mayor cantidad de chicanas berretas posible.

Sol Acuña, la ministra porteña, está que trina porque Página/12 la tildó de nazi… o algo así. Y está bien que se enoje, aunque sabe que la crítica va tan en serio y al hueso del asunto como cuando ella acusa a los docentes, o al sector kirchnerista/izquierdista de los gremios, de lavarles el cerebro a los alumnos. A ver: Priebke y Makarenko no existen más. Ni son, por asomo, una mínima parte del problema. Que el macrismo acuse a los K de ideologizar la educación y los K acusen al macrismo de desideologizarla tiene que ver, más que nada, con que se vienen las elecciones.

Comparto un recuerdo bastante reciente: el domingo 24 de septiembre de 2017, hace apenas tres años, participé de un almuerzo en lo de Mirtha Legrand donde estaban la ministra Acuña y el exministro Daniel Filmus. En esos días había escuelas tomadas por aquel tema de las becas laborales en empresas, ¿se acuerdan? Se venían los postres cuando los dos políticos se trenzaron fuerte y en un momento, Filmus le propuso a su partenaire: “Hagamos así, Sol, dejemos que pasen las elecciones y hablemos a fondo de esto, que es muy importante”. Estábamos en medio de la campaña electoral, como estamos siempre pero más cerca de consumar el acto. Qué pena, les dije, que lo importante no se discuta en campaña electoral, porque estamos todo el tiempo en campaña y entonces nunca discutimos lo importante”.  

¿Y qué sería lo importante, hablando de educación? Primero, tal vez, no sobreactuar la coyuntura ni hacer de cuenta que el problema empezó con la pandemia o algo así. Un dato duro: apenas el 35,4% de los estudiantes de colegios estatales de la Argentina termina el nivel secundario obligatorio en el plazo previsto, según los últimos datos disponibles publicados por el Ministerio de Educación.

En efecto, de los 818.182 niños que comenzaron primer grado en 2007 (gobernaba Néstor Kirchner), sólo 356.212 alumnos, es decir el 43,5 por ciento, finalizaron el colegio secundario doce años después, en diciembre de 2019 (terminaba Mauricio Macri). Redoblemos la alarma, porque ese es el promedio: las escuelas secundarias de gestión privada graduaron el 69,4 por ciento de los alumnos que iniciaron su escolaridad primaria en 2007, mientras que las de gestión estatal apenas lo hicieron con el 35,4 por ciento. La educación pública es la mitad de eficiente (o el doble de ineficiente) que la privada.

Remarquemos esto: en estos 12 años hubo uno de Néstor, ocho de Cristina y cuatro de Macri, que ya venía gobernando en la Ciudad desde 2007. El problema es de todos, no de uno ni tampoco solamente de esos dos bandos. Y es más grave todavía si sumamos que, según la UNESCO -que es el órgano de la ONU para la educación, la ciencia y la cultura- vamos a terminar 2020 con el 65% de los menores de 17 años por debajo de la línea de pobreza en la Argentina. Digo: pobreza y deserción escolar no se han resuelto votando a los K o a los M. Los resultados indican que empeoramos, como ya veníamos empeorando desde antes.    

El análisis también difiere en cada una de las provincias. Por ejemplo, en Tierra del Fuego y la ciudad de Buenos Aires culmina el ciclo secundario casi el 60 por ciento de los alumnos. Mientras tanto, en Corrientes, Misiones, Santiago del Estero esa cifra es menor al 35 por ciento, y se reduce aún más hasta un 25 por ciento entre los estudiantes estatales.

Leo Alieto Guadagni, que comanda el Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano y analizó estas cifras que no estamos debatiendo (tal vez, paradójicamente, porque son lo importante): “Cuando la pobreza es estructural, como la que padecemos, son necesarias líneas de acción que apunten directamente a la raíz del flagelo de la pobreza con exclusión social. Esas propuestas superadoras se concentran en la educación. El requisito mínimo es la escolarización completa de los adolescentes. Pero hoy nuestra escuela secundaria no es inclusiva ni de calidad, como lo puso en evidencia la última Prueba Pisa del 2018”.

Sigue Guadagni: “En 2006, se dictó la Ley 26.206 que establece la obligatoriedad escolar entre los cinco años y el fin del ciclo secundario. En tanto, la Ley 27.045, de 2014, estableció también la obligatoriedad de la sala de 4 años de nivel inicial. Es hora de cumplir estas disposiciones legales. Nuestros adultos pobres y excluidos no terminaron la secundaria. Debemos lograr que sus hijos completen su escolaridad con buen nivel educativo. Así podremos quebrar este círculo nefasto de la reproducción intergeneracional de la pobreza”.

Cualquier otra discusión sobre el tema, por más que se vista de educativa y de estratégica, es miope. Coyuntural. Pasto para las fieras. O las bestias, digo, hablando de nosotros mismos, tan embrutecidos que andamos.

 

por Edi Zunino

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