martes 15 de junio de 2021
Perfil

Borombombón, borombombón, los sindicatos son de Perón

POLITICA | Por Edi Zunino | 07 de May 11:59

Fue como debe ser: entre achuras, tiras de asado, ensaladas y buenos tintos. El presidente Alberto Fernández le prometió a la conducción de la CGT en pleno que no hay ningún peligro de que el kirchnerismo puro y duro maneje los 11.000 millones de pesos de las obras sociales sindicales desde la Superintendencia de Servicios de Salud.

Aun así, no les dio el gusto de poner al frente de esa codiciada dependencia del Ministerio de Salud al candidato de los “gordos” –David Aucharán, ligado al gremio UPCN- y les comunicó que el reemplazante del fallecido Eugenio Zanarini será, desde hoy, el médico sanitarista Daniel López, que tampoco es un extraño en el ambiente, ya que inició su carrera política en OSECAC, la obra social de los empleados de comercio que, desde hace 35 años, conduce Armando Cavalieri, más conocido como “El Gitano”.

Con la designación de López se mantiene una especie de línea sucesoria entre gente de confianza del exministro Ginés González García -con quien además son socios comerciales-, aunque también el funcionario responde al secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello.

A tal punto es estratégica la Superintendencia de Servicios de Salud, que Mauricio Macri se mantuvo a salvo de la CGT durante medio mandato gracias a que concedió ese mismo puesto previo pacto con otro eterno: José Luis Lingieri, de Obras Sanitarias. Podría decirse que tanto aquella paz con el macrismo como la actual sociedad con el presidente Fernández tienen un hilo conductor común: la fobia que profesan los popes sindicales con todo lo que pueda oler a Cristina Kirchner y La Cámpora. Los consideran aún menos peronistas que el mismísimo Macri y no les perdonan que durante la Década K hayan ido presos el bancario Juan José Zanola por la “mafia de los medicamentos” y el ya fallecido ferroviario José Pedraza, por el asesinato del militante de izquierda Mariano Ferreyra. Aquello, a sus ojos, significó una doble traición.

Hasta fines de los 80, era común que, en alguna marcha callejera, las columnas de la CGT se plantaran ante grupos izquierdistas al grito de: “Borombombón, borombombón, los sindicatos son de Perón”, lo cual, muerto Perón e incluso dentro del peronismo, significaba –y sigue significando- que los sindicatos “son” de la aristocracia sindical justicialista. Con igual énfasis, los “gordos” se vienen resistiendo a que los movimientos sociales se incorporen a la CGT como representantes de los trabajadores sin trabajo. Los consideran cuerpos extraños.

No es que confíen en Alberto a libro cerrado. Comprenden que, a falta de fuerza propia, los necesita. Y aceptan que la lógica del pacto se imponga a la del regalo liso y llano. Porque ya se sabe: cuando la limosna es grande, hasta San Cayetano desconfía.

 

por Edi Zunino

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