sábado 8 de mayo de 2021
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Alberto Barbieri: "El milagro de la educación es que te cambia la vida"

POLITICA | Por Jorge Fontevecchia | 16 de March 12:01

La UBA es una de las instituciones educativas más prestigiosas del país. Cumple 200 años envuelta entre el desafío de la pandemia y recursos que no son infinitos. Aun así, rankea en la elite mundial. Para quien la dirige, la clave está en los debates sociales que suscita, la investigación y la pluralidad. Se considera un peronista del "abrazo de Perón y Balbín". Experto en gestión de la salud, analiza qué se hizo bien y qué faltó durante la crisis sanitaria en Argentina.

—La semana anterior entrevisté a Beatriz Sarlo y ella decía que se animaría a ser decana de la Facultad de Filosofía, pero nunca rectora de la UBA porque para ser rector de la UBA hacen falta otro tipo de capacidades y de sabiduría. ¿Qué es lo que se necesita? 

—Primero, proponérselo, como todo en la vida. Después, trayectoria dentro del ambiente universitario, específicamente dentro de la UBA. No solo en lo académico, sino en diferentes cargos de gestión académica o de conducción. En mi caso, tengo la ventaja que vengo profesionalmente del área de la gestión y administración. A eso le agrego muchos años como integrante del Claustro de Dirección de la Facultad de Ciencias Económicas. Llegué a ser decano, vicerrector. Hice la carrera hasta llegar a ser electo. Más allá de la vocación y la ganas de serlo, hay que tener una idea de cómo se administra una organización compleja. Y animarse.

—Uno de tus predecesores y amigo de la casa, Guillermo Jaim Etcheverry, sufría la gestión.

—A Guillermo lo conozco muy bien. Es una persona académicamente de primer nivel. Pero sufrió la gestión. Su formación es otra. Ser rector de la Universidad, es un 95, 98% de gestión y después, a lo mejor, hay algo de tiempo para dedicar a algún tema académico. La gestión también es académica. En cualquier organización compleja hay que tener mucha interacción, interdisciplina, coordinación. No todos estamos familiarizados con esta área de especialización. Muchos que tienen una trayectoria académica impresionante, no se sienten cómodos, como Guillermo. Lo mismo sucede en un decanato, que es menos complejo que ser rector de la Universidad.

—¿Qué cambió en la UBA desde aquel comienzo en la Manzana de las Luces porteña?

—La UBA nace con la patria misma en un momento en el que no estábamos consolidados como nación. Las autonomías provinciales todavía no habían logrado acordar lo que fue la nación posterior. Los Revolucionarios de Mayo pensaron una universidad para capacitar a las clases dirigentes del futuro; a los científicos y profesionales que necesitaba la nación que se construía. La UBA fue de la mano del crecimiento.

—El objetivo era ser parte de formación de la República. Por ejemplo, formar médicos para el ejército de las guerras de independencia.

—Es algo que se incorporó a la incipiente Facultad de Medicina. Los arquitectos e ingenieros estaban todos conformados en lo que en ese momento el conocimiento a escala mundial era la Facultad de Ciencias Exactas El conocimiento se fue diversificando a lo largo de estos 200 años. Después surgieron otras disciplinas que obligaron a crear otras escuelas y facultades. Tenemos un lema que es “200 años formando futuro”. Se fue de la mano de todo lo que vivió el país, en lo bueno y en lo malo, con sus avances y retrocesos. Formamos a lo largo de estos 200 años grandes hombres y mujeres que sobresalieron.

—Cinco Premios Nobel. Ninguna otra universidad latinoamericana acumula esa cantidad.

—Ninguna. Tres fueron en ciencia. Es un orgullo muy importante. Pasaron por las aulas 16 presidentes argentinos, como el actual. La Generación del 80 se educó mayoritariamente en sus aulas. Los grandes movimientos nacionales y populares se educaron en sus aulas con la diversidad de ideas, con pluralismo.

—También hace poco más de cien años fue la Reforma Universitaria. ¿Haría falta otra reforma para adecuar la UBA al siglo XXI? 

—La Reforma de 1918 nos marcó; también la gratuidad de la enseñanza del 49 y la vuelta a la democracia del 83 con el ingreso irrestricto. Lo bueno de la democracia permanente es que una organización que interactúa con el tejido social tenga la flexibilidad de ir modificándose internamente. La reforma es permanente. Para que una organización subsista en el tiempo tiene que tener la flexibilidad de cambio. Mostramos en la pandemia cómo nos adaptamos rápidamente a la nueva situación. Son cambios que se dan paulatinamente.

Escuchá el reportaje completo en Radio Perfil. 

 

por Jorge Fontevecchia

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