jueves 21 de octubre de 2021
Perfil

"Zambo", el olvidado de la Libertad

PODCASTS | Por Edi Zunino | 08 de October 10:00

Sus enemigos, que no eran pocos, lo llamaban “Zambo”. El desprecio al mestizaje forma parte, también -y por qué no decirlo-, del ADN de la Patria. Que para él era una sola y abarcaba toda la América del Sur. Por eso, no vayan a creer que Bernardo de Monteagudo era un tipo de dejarse llevar o acobardarse por el qué dirán. Ni siquiera lo animaban los elogios a su valentía -bastante temerario y violento era, según dicen- ni lo deprimió que Bernardino Rivadavia lo dejara sin la dirección de La Gaceta de Buenos Ayres por ciertos textos provocadores y libertinos sobre los encantos de las mujeres porteñas. Se fue y abrió su propio periódico, “Mártir o libre”, que lo colocaba a sí mismo ante la muerte como primera opción.

Hoy se cumplen 200 de la creación de la Marina de Guerra del Perú. Claro que el feriado de este viernes 8 de octubre no es por eso, nada que ver. Pero coincide con aquella decisión histórica tomada por José de San Martín e instrumentada por el incondicional Monteagudo, que era su mano derecha en el gobierno y canciller y, encima, virtual ministro de defensa.

Tampoco vayan a creer que San Martín y Monteagudo pensaban igual. El “Mulato”, antes que anti-español, era anti-napoleónico y admiraba al General por haber combatido a Bonaparte . El Libertador lo sentó a su lado antes de armar el Ejército de los Andes por su currículum combativo y libertario desde que estudiaba en Chuquisaca y redactó ahí la primera proclama revolucionaria de 1808, que lo llevó a la cárcel y, una vez fugado, a enrolarse en el Ejército del Norte de Juan José Castelli.

El carácter monárquico-libertario de Monteagudo quedó plasmado en una obra de teatro de su autoría titulada “Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII”, donde iguala a tan distintos reyes por la desgracia de la invasión extranjera y la usurpación. También redactó el Acta de la Independencia de Chile, por encargo de San Martín y su tocayo O’Higgins. El poder porteño lo despreciaba, no sólo Rivadavia, también el supremo Juan Martín de Pueyrredón. ¿Cuánto habrá influído esa discordia en que para encontrar una calle Monteagudo en Buenos Aires haya que caerse casi al Riachuelo, por la zona de Villa Zabaleta?

Bernardo de Monteagudo se llevó muy joven a la tumba el legado y el misterio sanmartinianos. Cuando el Libertador dejó Lima para irse a encontrar con Simón Bolívar a Guayaquil para ponerlo al mando de todo, le delegó el gobierno peruano. Duró poco y nada: lo derrocaron por “monárquico”. Entonces se fue tras San Martín y éste se lo r          ecomendó a Bolívar, que lo hizo su asesor y lo puso a cargo de organizar un primer congreso de la Confederación Sudamericana en Panamá. Una puñalada en el pecho de camino a una cita con su amante abortó la misión.

San Martín murió preguntándose quién lo había matado. “No ha habido una sola persona que venga del Perú, de Chile o de Buenos Aires a quien no haya interrogado sobre el asunto, pero cada uno me ha dado una diferente versión”, le escribió a su amigo limeño Mariano Álvarez. ¿Fue la nueva dirigencia peruana? ¿Fueron agentes espáñoles? ¿Fue un coronel celoso? ¿Fue Bolívar? Lo único que San Martín no podía creer bajo ningún concepto era esto último.

Monteagudo había escrito un texto algo profético en La Gaceta: “Sé que mi intención será siempre un problema para unos, mi conducta un escándalo para otros y mis esfuerzos una prueba de heroísmo en el concepto de algunos. Me importa todo muy poco”.

 

por Edi Zunino

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