miércoles 23 de junio de 2021
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Pequeñas historias de la historia grande: los sirgadores

PODCASTS | Por Esteban Nigro | 24 de April 11:00

Leyendo alguna vez sobre la Edad Media, me asombró encontrar un texto que contaba que por entonces el continente europeo ya podía recorrerse navegando sólo por vías fluviales.
Que por ejemplo se podía ir del Mar Báltico hasta el Mediterráneo, cruzando el continente sin jamás poner un pie en tierra. ¿Pero cómo podía ser, si por ejemplo existen los Alpes en
el medio? Al parecer era posible porque a los cursos fluviales naturales como el Sena o el Rin, se le complementaban canales hechos por el hombre. Así, ya por entonces, existía una
red interconectada de ríos y canales que permitían tal hazaña.

Ahora, podría haber un problema en algún momento del recorrido. ¿Cómo hacían cuando debían ir aguas arriba o por ejemplo por un canal de escasa corriente? Lejos estábamos de
la invención del motor. Investigando un poco más hallé la respuesta: en esos momentos se recurría a navegar “a la sirga". La Real Academia Española nos cuenta que “sirga” significa
“lo que está hecho de seda” ya que proviene del latín “Sericum”. Y esto nos lleva a entender que navegar a la sirga, es arrastrar una embarcación desde la orilla con una soga por
ejemplo, de seda. En la edad media esa labor la hacían caballos o bien personas llamadas convenientemente “sirgadores”. Y por lo que leí, no era de las profesiones mejor remuneradas. De hecho, si quisiéramos ver una imagen de cómo era su vida basta buscar en internet la pintura “Los sirgadores del Volga” de 1871. Una imagen, vale más que mil palabras.

La labor de los sirgadores era tan ardua, que hace unos años la ciudad de Bilbao rindió homenaje a sus antiguas sirgueras, como también se conocían, bautizando un muelle con
su nombre. Un merecido homenaje a aquellas mujeres de finales del siglo XIX que, hasta la generalización del uso de embarcaciones a vapor, se encargaban de arrastrar río arriba
mercancías.

Ya comentamos que los sirgadores caminaban por las orillas de ríos y canales... ¿pero qué pasaba si esas orillas eran de propiedad privada? Vaya si será un problema de larga data esto, que ya en el derecho romano de hace 2000 años se contemplaba la existencia a cada lado de cualquier curso fluvial, de un «camino de sirga» o sea un espacio en la orilla por donde los sirgadores tenían derecho a transitar sin considerarse invasión de tierras ajenas. Usualmente el camino era de un ancho de uno a dos metros.

Propongo ahora dejar aquella Europa, cruzar el charco y ver qué pasaba en Argentina, ya que aquí también fue contemplado el camino de sirga. Resulta que el Código Civil
Argentino elaborado por Dalmacio Vélez Sársfield en 1870, establecía que el ancho de nuestro camino de sirga sería de... ¡35 metros!! Hoy se sabe históricamente que eso se hizo
teniendo en consideración los proyectos que en aquellas épocas se pensaban para nuestro país. Se soñaba que al igual que en Europa, aquí a grandes ríos como el Pilcomayo, el
Bermejo y el Paraná se le sumaría la construcción de una red de canales artificiales, que permitirían unir comercialmente todo el norte argentino.

Pero las cosas cambiaron en el mundo, y nuestro país nunca construyó esos canales internos. Los tendidos de ferrocarriles y carreteras se convirtieron en la principal vía de transporte de mercaderías tierra adentro. ¿Y qué fue de nuestros amigos sirgadores? Las embarcaciones fueron dotadas de motores, y ya no se necesitó de personas que arrastren embarcaciones corriente arriba. Así, poco a poco, se perdió una profesión y sin ella la figura del camino de sirga también quedó en el olvido.

por Esteban Nigro

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