miércoles 30 de noviembre de 2022
Perfil

Por qué no se trata de un parricidio la disputa entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta

PODCASTS | Por Gustavo González | 28 de June 08:56

La pregunta psicológica que esta semana se hacían en la oposición es si llegó el momento en el que Horacio Rodríguez Larreta deba matar a Mauricio Macri. Como intérpretes de Freud y Lacan, se preguntan si llegó la hora en que el hijo debe matar al padre para construir su propio destino.
Pero el dilema parte de un supuesto debatible: ¿es el ex presidente el padre político del jefe de Gobierno porteño? 

Uno y otro. Larreta siempre se formó para ser político (la anécdota de que de niño quería ser presidente) y cuando en 1993, a los 28 años, regresó de Harvard con su máster en Administración, lo primero que hizo fue fundar un think tank, el Grupo Sophia, para diseñar políticas públicas y formar a futuros dirigentes (de allí surgiría Vidal, entre otros).
En ese año, Macri tenía 34 y era vicepresidente de Sevel, la empresa automotriz de su padre. Ni mostraba ni tenía inquietud por la política. Limitado por Franco para crecer en la empresa, su mayor tema de interés era el fútbol. De hecho, a los 36 años llegó a presidir Boca.

1999 fue un año de elecciones para Larreta y Macri. El primero intervino activamente en las presidenciales del país (jefe de campaña de Palito Ortega y parte de la campaña presidencial de Duhalde). El segundo fue por su reelección en Boca.
Recién en 2001 Macri anunció que se dedicaría a la política. Para entonces, Larreta venía de ser uno de los interventores del PAMI con De la Rúa, trabajaba en el armado nacional del entonces gobernador Ruckauf, era presidente del Instituto de Previsión bonaerense y, en septiembre de ese año, asumiría como titular de la DGI. En ese cargo continuó durante las presidencias de Rodríguez Saá y Duhalde.

Las vidas de ambos se cruzaron en 2002, cuando Larreta y su fundación fueron contratados para asesorar y aportar cuadros para el flamante político: Macri se postulaba para 2003 como jefe de Gobierno porteño. Larreta fue su compañero de fórmula y perdieron en la segunda vuelta.
Hasta ahí, se podría decir que era una alianza entre un dirigente joven con experiencia; y una celebridad empresaria y deportiva sin antecedentes políticos, aunque popular y con el dinero suficiente para hacer carrera política.

Esa relación se afianzó en casi dos décadas, pero el malentendido actual surge de confundir ese vínculo con el de maestro-discípulo o padre-hijo: quien haya conocido en estos años a Larreta sabe que su sentimiento hacia Macri siempre fue de respeto y camaradería, pero nunca lo consideró su mentor. Y entre 2015 y 2019, se enfocó en la Ciudad sin exponer sus diferencias políticas y económicas con la gestión presidencial.

por Gustavo González

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