domingo 18 de abril de 2021
Perfil

La semana desencajada en que Maquiavelo gobernó la Argentina

PODCASTS | Por Edi Zunino | 05 de March 11:30

La distracción y el engaño son las armas más antiguas que conoce la lucha por el poder. El filósofo español Miguel Catalán, fallecido hace un año y medio, escribió en su ensayo “Genealogía de la noble mentira”:

“Se ha dicho con frecuencia que el de la política es uno de los reinos predilectos de la mentira; aquel donde intervienen con mayor asiduidad las triquiñuelas, manipulaciones, falacias y engaños de todo tipo. Como señala Hannah Arendt en las primeras páginas de ‘Crisis de la república’: «La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas y las mentiras han sido siempre consideradas en los tratos políticos como medios justificables». En otro lugar añadirá que la política es el lugar privilegiado de la mentira en la medida en que se considera un instrumento necesario y legítimo para el político y el estadista”.

A Catalán se lo llamaba “el filósofo de la mentira”, porque se dedicó a estudiarla de un lado y del otro casi toda su vida de intelectual. Trazaba una línea entre Platón y Maquiavelo como defensores del engaño en cuanto herramienta lícita de gobierno. “Los seguidores de Maquiavelo –escribió Catalán- suelen afirmar que éste no recomendaba la mentira del gobernante, sino que se limitaba a describir los procedimientos por los cuales se conserva de hecho el poder”. A la misma conclusión, pero en otras palabras, llegó el británico Alistair McAlpine en sus consejos a Margaret Thatcher: “Maquiavelo comprendió claramente las diferencias que existen entre la verdad percibida y la verdad real, y no tengo dudas de que, con toda seguridad, comprendió que la verdad percibida, una vez que ha sido aceptada, cambia su naturaleza para convertirse en la verdad real que la humanidad es capaz de percibir”.

Vayamos a Maquiavelo en sus propias palabras. El florentino concebía a la política como “el arte de engañar” y exhortaba a que “aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo por parte del príncipe es laudable y glorioso, ya que quien vence a un enemigo por medio de un engaño merece tantas alabanzas o más que aquel que lo logre por la fuerza”.

La semana que termina, en nuestro país, transcurrió en ancas de una “verdad percibida”: Alberto Fernández al principio y Cristina Fernández al final terminaron de componer un clima de ruidosa beligerancia contra el Poder Judicial, señalándolo como el eje de todos los males junto a los grandes medios y la oposición política, que mordió el anzuelo y dejó que el tema desplazara al incomodísimo VacunaVIP del centro de la escena.

La política es un universo en el cual aquello que parece termina siendo lo que es. Una causa judicial sin la más mínima sustancia como el asunto del “dólar futuro” choca en la misma secuencia con la propuesta de constituir una comisión bicameral controla-jueces sin sentido ni la más mínima chance de prosperar. 

El juego de amenazas es fuerte: las principales figuras representativas del país institucional –gobernantes, legisladores y jueces- le ponen tono de “¡esto es a vida o muerte!” a cosas que no van a suceder o es imposible que sucedan sin que antes se pongan de acuerdo.

Lógica de Maquiavelo: así como un enemigo externo ayuda a consolidar el frente nacional, un enemigo interno suele ser la esencia, el motivo, el disparador para construir y movilizar al propio electorado. 

Al menos todo este fin de semana va a estar inundado de análisis efusivos sobre este choque entre “falsos republicanos perseguidores” y “populistas corruptos”, según quién defina al de enfrente. Y el tema va a seguir, seguro, de esta u otra forma durante toda la campaña. Maquiavelo nunca fue candidato. Lo suyo es adoctrinar a quienes sí lo son, aún muerto hace seis siglos. Eso es poder.

por Edi Zunino

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