martes 4 de octubre de 2022
Perfil

Jaime Duran Barba: “¿Por qué no plantearse para 2023 un Horacio presidente y un Marcos Galperin jefe de Gabinete?”

PODCASTS | Por Jorge Fontevecchia | 24 de August 19:00

¿Qué consecuencias electorales puede tener el Olivosgate, tanto en 2021 como en 2023? 

El escándalo solo no tendría importancia, pero es parte de un continuo, si no de un conjunto. Alex Pentland, uno de los mayores consultores mundiales, habló de la importancia de mirar los conjuntos. Esa foto se suma a reiteradas actitudes de Alberto Fernández y de muchos de sus colaboradores que devalúan la palabra del Gobierno. Es muy grave. Siempre decimos que lo más importante de un candidato, de un político, es que le crean, que su palabra tenga credibilidad. Este hecho es la cereza en la torta. Termina de confirmar que no había una palabra confiable del Presidente. Hay que ver el asunto dentro de un contexto más grande. El populismo se mantiene cuando hay dinero. En la Venezuela de Hugo Chávez funcionó mientras fue posible financiar las famosas misiones. Argentina es un país tan rico que puede tolerar tener tanta pobreza. Solo un país rico como Argentina puede entregar de alguna manera recursos económicos mensuales a una mitad de la población para mantenerla en la pobreza. Si otro país intenta hacerlo, quiebra inmediatamente. Pero ese esquema de financiar a tantas personas en la pobreza llegó a un límite. No es viable, porque el actual gobierno está incrementando la cantidad de personas que reciben uno u otro tipo de emolumentos. No existe el dinero para pagarlo. Es exactamente lo que le pasó al régimen militar venezolano. Mientras pudo utilizar el dinero del petróleo, fue posible financiar las cosas más locas: la misión universidad, la misión educación, cuestiones por el estilo. Llegó un momento en que se acabó la plata y se descalabró todo. Argentina está llegando a un momento de transición radical. No hay posibilidad de que siga funcionando ese régimen. Creció demasiado. A eso se suma que la situación internacional de nuestro país es dramática. Objetivamente, ¿qué países invitan a Alberto Fernández a que los visite? ¿En dónde es bienvenido? En Bolivia, en Perú seguramente con Pedro Castillo, en Nicaragua, en Venezuela. ¿Con ese frente podemos hacer algo económicamente? Me parece que hubiera sido más sensato buscar incrementar la relación con los países desarrollados del mundo, con la Comunidad Europea, con Estados Unidos. Con ellos podíamos hacer algo. Argentina se aisló de una manera dramática. El mito de una patria grande que demanda el liderazgo de Cristina es falso. No existe un solo candidato de izquierda fuera de Argentina que invite a Cristina a una manifestación. Quita votos. Tiene una imagen internacional muy deteriorada, sin meterme si es justo que sea así o no. Nadie cree que es un modelo de ética o de liderazgo. Argentina está aislada en un mundo interrelacionado. Llegó a su límite el juego económico, en medio además de una pandemia que supone una crisis económica, un replanteamiento en el mundo. El esquema kirchnerista como funcionó antes no es viable. Funcionaba en una economía próspera. Pero ahora ya no.

Tuvimos un presidente en los años 90 que dijo: “Si yo les decía lo que iba a hacer, no me votaban”. Hizo de la mentira parte de la política y aun así fue reelecto en su segundo mandato. Me parece que, independientemente del tema de la mentira, se suma la cuestión de la eficiencia.

La eficiencia está en el centro de los problemas de Fernández. Me conmueve el tema de los muertos por covid-19. Guillermo Lasso asumió hace muy poco la presidencia de Ecuador. Dijo que en cien días vacunaría a la inmensa mayoría de la población, y lo está logrando. Simplemente, usa el sentido común. No es que se compran vacunas de izquierda o de derecha. Las vacunas no lo son. Se compraron todas las vacunas posibles al mismo tiempo con gran celeridad y se vacuna a cientos de miles de personas cada semana. No se puede confundir elementos de creencias religiosas o ideológicas con el Estado. Uno de los grandes problemas del gobierno de los Fernández es que constantemente invocan creencias y no realidades. Cosas como “hay que defender la heroica Revolución Cubana”. Fui muy partidario de la Revolución Cubana cuando era joven. Era otro contexto, el de la Guerra Fría y la lucha por el socialismo mundial. Pero tengo que ver objetivamente qué es Cuba. O Nicaragua, o Venezuela, países que fracasaron en la lucha contra el covid-19 porque están fuera de la comunidad internacional. El mundo cambió los últimos años. Se unificó. No podemos ser los que fuimos en el siglo pasado. El mundo está relacionado. Si se le pide a la canciller alemana, Angela Merkel, respaldo ante el Banco Mundial o ante el Fondo Monetario Internacional, y luego se respalda a Venezuela, sindicada por los alemanes como un régimen que viola los derechos humanos y comete crímenes de lesa humanidad, no se obtendrán buenos resultados. No se puede tener las dos cosas al mismo tiempo en la época de internet. Hasta que cayó el Muro de Berlín, muchos en el mundo, y me incluyo entre ellos, creyeron que venía un nuevo mundo, una nueva sociedad. Como decía La internacional: “La tierra será el paraíso de toda la humanidad”. Eso se fue derrumbando en los 80, colapsó completamente en los 90. China, Vietnam, Laos, Camboya, que habían sido “los heroicos combatientes contra el imperialismo”, adoptaron la economía capitalista. Una economía capitalista que no es la que vivimos en Argentina. En China existe el sistema “996”, que no sería aceptado por la CGT: trabajar de 9 a 9 todos los días y 6 días a la semana. Es la jornada de trabajo de los obreros chinos. Es una sociedad capitalista, que sobreexplota a los trabajadores como el capitalismo original, en la que los trabajadores no tienen posibilidad de organizarse y luchar por sus derechos. Es un capitalismo no neoliberal, sino liberal a la antigua, que sobreexplota a los trabajadores.

por Jorge Fontevecchia

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