sábado 25 de junio de 2022
Perfil

Jaime Duran Barba: "Mi impresión es que el actual gobierno ha llevado al país a una descomposición sin precedentes"

PODCASTS | Por Jorge Fontevecchia | 20 de April 16:14

El analista político más importante de América Latina declara que la nueva forma de hacer política es desde el humor y la participación: “Hay que ser David y no Goliat”, mientras vaticina que la única salida para evitar una hecatombe en el país es que oposición y oficialismo recurran al diálogo para acordar metas básicas a mediano plazo para el desarrollo de la Argentina.

¿Qué significa esta nueva ola de presidentes outsiders: Castillo en Perú, ya antes el caso de Bolsonaro en Brasil, y Boric en Chile, presidentes que no tenían siquiera el partido político con el que fueron electos un año antes? ¿Es replicable en la Argentina?, ¿es algo que puede pasar en nuestro país?

—Es un fenómeno mundial que se venía dando de manera acelerada ya antes de la pandemia. Es un efecto de la tercera revolución industrial que hizo conectarse a la gente entre sí, pasando por encima de las instituciones y de las autoridades. Ya se había manifestado con el liderazgo del presidente (Donald) Trump en Estados Unidos, que es un outsider.

—Pero todavía dentro de un sistema político que era el Partido Republicano.

—Dentro, como una maquinaria para conseguir votos, pero fuera como republicano. Los republicanos propiamente dichos le pidieron reiteradamente que renuncie, que no sea candidato, peor después del escándalo sexual que hubo. Formaron el Lincoln  Project, en donde están muchos profesores de mi facultad, que es un hermosísimo proyecto de comunicación que se puede consultar en YouTube, de republicanos anti-Trump, o sea, Trump estaba en contra del Partido Republicano y del Demócrata.

—Trump usó al Partido Republicano pero Boric, Castillo y hasta Bolsonaro ni siquiera tuvieron que usar un partido político, lo crearon. 

—Pasó algo más grave en el caso de (Gabriel) Boric, él fue marginado del frente que gobernó Chile durante tanto tiempo, la Alianza, porque decían que era un inservible. Entonces lo echaron fuera y a quien salió segundo, que es (José Antonio) Kast, la derecha también lo echó porque decían: “No sirve este tipo para nada” y a quien salió tercero nadie le hizo caso, Franco Parisi, que hizo su campaña desde Alabama por internet. Los dos grandes partidos chilenos que gobernaron el país desde la caída de Pinochet hasta ahora, que son la Alianza y la derecha, salieron 4to y 5to. Fue una hecatombe. 

—Macri construyó un partido pero le llevó varios años su “cursus honorum”: tuvo que ser ocho años jefe de Gobierno del tercer distrito más importante del país en términos de votos para recién poder aspirar a la presidencia y con el partido radical, de enorme historia en la Argentina, mientras que Bolsonaro, Castillo y Boric, de la noche a la mañana en un año, construyeron una organización que les permitió llegar a ser presidentes. 

—Lo de Bolsonaro es impresionante, porque si bien él fue diputado muchos años, era diputado de un partido minúsculo que no tenía otro diputado. Era un tipo totalmente irrelevante. Cuando destituyen a Dilma Rousseff su discurso fue ridículo, es un tipo sin ninguna preparación. He tenido oportunidad por distintas razones de estar con él un par de veces. Es una persona con escasa capacidad de comunicarse, no sabe hablar, lo que explica lo que ocurrió en Brasil. Todos los candidatos aspiran a ser convocados a esa ronda de debates con que culmina la campaña presidencial brasileña. Se inicia en Bandeirantes y culmina en O Globo. Cuando trabajé en 2010 con Marina Silva, la aspiración de Marina era llegar en las encuestas a un diez por ciento para que la tomaran en cuenta para los debates. Es la gran aspiración de todo político brasileño. Bolsonaro no fue a ningún debate. Al principio dije: qué tipo más loco. Después entendí, es que es muy malo para debatir, para exponer. El cierre de campaña de Bolsonaro es un cierre que lo uso siempre en mis cursos. Convocó una manifestación en la Avenida Paulista, una unidad importante de San Pablo. Fueron unas 300 mil personas y en vez de concurrir a ese sitio en donde estaba armado un escenario y todo, dijo: “No, voy a hablar desde mi casa”. El discurso de Bolsonaro, que dura cinco minutos, lo pronuncia en su casa, delante de un poco de ropa tendida de unas piolas, vestido como para ir a correr, con un amigo que con un celular lo filma para retransmitir a la multitud la cosa: “Brasileños, qué bien que hayan venido”, “¡Bolsonaro, Bolsonaro, presidente de Brasil!”, “Gracias, brasileños”. Y se acabó el discurso. Con ese discurso, ¿te imaginás a un candidato tradicional como Fernando Henrique Cardoso? Lo mandan al manicomio.

por Jorge Fontevecchia

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