miércoles 20 de octubre de 2021
Perfil

El Okupa

PODCASTS | Por Elisa Salzmann | 24 de September 17:58

El okupa de Wall Street, vendría a ser nada más ni nada menos que la genial invención de Herman Melville, más conocido por su ingente novela en dos tomos traducida por Enrique Pezzoni, Moby Dick o la Ballena Blanca; el okupa, decía es otro de sus geniales personajes conocido como Bartleby, el escribiente. En 1853 aparece este texto con el subtítulo de Una historia de Wall Street. Para los lectores del período trascendentalista estadounidense, lo que primero salta a la vista es que Wall Street, no sólo referirá al centro bursátil, sino que ese título también operará metafóricamente, instalando la interpretación de esas paredes para más de una lectura crítica.

El famoso Bartleby, aparece silenciosamente en el bufete de un reconocido abogado, y entra...  sin tocar la puerta porque esta estaba entornada. Los primeros días, Bartleby trabajará con ahínco para alegría del abogado en cuestión. Las cosas se van complicando para el abogado y sus ayudantes, a medida que nuestro buen Bartleby instala la resistencia pasiva. Sin spoilear la lectura de esta nouvelle, maravillosa e ineludible, solamente digamos que un Domingo se le se le ocurre al abogado pasar por su bufete cuando no va y se encuentra con que ¡Bartleby está alojándose allí sin su permiso! Veamos lo que dice Melville:

“Pues bien, un domingo por la mañana casualmente me dirigí a la iglesia de la Trinidad para escuchar a un famoso predicador, y como había llegado con bastante anticipación, se me ocurrió pasar a mi despacho un momento. Por suerte llevaba mi llave conmigo; pero al ponerla en la cerradura, descubrí que algo insertado desde el interior le oponía resistencia. Bastante sorprendido, toqué a la puerta; para mi consternación, una llave giró por dentro; y asomando su delgada cara por la puerta entreabierta, como un fantasma apareció Bartleby, en mangas de camisa, y además en una bata extrañamente andrajosa, diciendo en voz baja que lo lamentaba, pero que estaba muy ocupado, y prefería no dejarme entrar en ese momento. Añadió además, en dos o tres breves palabras, que tal vez lo mejor sería que yo diera dos o tres vueltas a la manzana, y que para entonces probablemente él ya habría terminado sus asuntos. La totalmente insospechada aparición de Bartleby, como inquilino de mi despacho un domingo por la mañana, con su cadavérica despreocupación caballeresca, y sin embargo firme y seguro de sí mismo, me produjo un efecto tan extraño que precipitadamente me escabullí de mi propia puerta, e hice lo que me pidió. Pero no sin varias punzadas de impotente rebeldía contra la mansa desfachatez de este incomprensible escribiente. En efecto, era principalmente su extraordinaria mansedumbre la que no sólo me desarmaba, sino que me acobardaba, por así decirlo. Pues considero que es una especie de cobarde momentáneo quien tranquilamente permite que su empleado le dé órdenes y lo eche de sus propios dominios. Además, me inquietaba muchísimo lo que Bartleby pudiera estar haciendo en mi oficina en mangas de camisa, en una condición por lo demás desarropada un domingo por la mañana. ¿Estaría ocurriendo algo indebido?” fin de la cita.

 Bartleby, famoso por la repetición de su frase “Preferiría no hacerlo”, no sólo es el primer okupa de la literatura estadounidense, Bartleby el hombre silencioso,  también inspirará a Mahatma Gandhi en su lucha no violenta.

Herman Melville nació en Nueva York el 1 de agosto de 1819. Entre 1853 y 1855, publicó en la revista Putnam Magazine una serie de relatos,​ reunidos la mayor parte de ellos en The Piazza Tales. Allí publica además de Bartleby, el escribiente, Benito Cereno un relato sobre la trata de esclavos. En sus últimos años, se dedicó a escribir poesía. Battle-Pieces and Aspects of the War, de 1866, es una reflexión poética sobre la Guerra de Secesión. Herman Melville muere en.1891, dejando una obra atlántica para el resto de los mortales.En Lejos de tierra & otros poemas Selección, traducción, prólogo y notas: Eric Schierloh, podemos leer


Aunque veloz vuele la gloriosa fábula de la juventud,

no mires al mundo con ojos mundanos,

ni cambies con el clima de los tiempos.

Evita la llegada de la sorpresa:

quédate donde la Posteridad se quedará;

quédate donde los Antiguos antes se quedaron,

y sumergiendo tu mano en solitarias fuentes

bebe del saber que nunca cambia:

sabio una vez, y sabio para siempre.

por Elisa Salzmann

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