jueves 5 de agosto de 2021
Perfil

El escrache ideológico puede ser un exceso de cobardía militante

PODCASTS | Por Edi Zunino | 15 de June 12:25

El domingo pasado, el portal “elDiarioAr” anunció la creación de un sitio web llamado “Reacción Conservadora” e identificado como una red para señalar y seguir a personas, dirigentes políticos y sociales, blogueros, partidos políticos, ONGs y entidades religiosas que, según la afirmación de sus autores, constituirían el neo conservadurismo argentino.

El sitio fue rápidamente despublicado de la web por el revuelo que armó –en las redes sociales se lo acusó de ser #LaGestapoArgentina-, pero se supo que su “investigación” anti-conservadora había sido realizada por un equipo encabezado por la colega Ingrid Beck. En una especie de “declaración de principios” de este supuesto producto de periodismo militante se señalaba: “El objetivo de este mapeo es establecer vínculos entre actores de la llamada reacción conservadora”. Y, provincia por provincia, aparecía, en visibles fichas, el nombre y la foto de dirigentes e instituciones que se expresaron principalmente a favor del movimiento celeste contra el aborto y en contra del movimiento feminista o de distintas políticas de tinte “progresista”. 

Según se informó, la plataforma se armó con financiamiento de la Federación Internacional de Planificación Familiar, cuyas siglas en inglés son IPPF y es una ONG que promueve la salud reproductiva y sexual, y a su vez se financia –según su página oficial- con aportes gubernamentales de los Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Australia. Tiene vínculos con entidades argentinas, como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Denunciar y perseguir ideas no parecería ser algo muy “progre” que digamos. Las técnicas del fichaje y las listas negras tuvieron siempre más que ver con gobiernos autoritarios. Se supone que, en democracia, las ideas no se denuncian y mucho menos se persiguen, sino que se las debate y, llegado el caso, se las somete a votación.

Además, dado el caso, merece un párrafo aparte la función del periodismo, que nada tiene que ver con andar “escrachando” ni mucho menos persiguiendo a nadie. Otra cosa es detectar que determinada organización o parte de ella o de sus miembros se dedica a cometer o a encubrir delitos o prácticas claramente contrarias al beneficio público.
Al tratarse de un emprendimiento privado, es polémico suponer que sus propósitos puedan resultar delictivos. Sea como sea, preocupa que personas que se autoperciben democráticas, progresistas o buena gente dediquen su tiempo a hacer lo que tiene prohibido hacer el Estado y esas mismas personas denunciarían con énfasis, victimizándose con razón, si las “fichadas” fueran ellas.

Salvo para los casos de asesinos sueltos y amparados por el Estado, como en el caso de los criminales de los 70 protegidos por la impunidad, siempre me pareció que la técnica del “escrache”, sea quien sea el que “escracha” y sea quien sea el “escrachado”, es un acto escandaloso de cobardía militante. Un montón de personas rodeando a una sola para incomodarla o meterle miedo se llama patoteada, es un abuso de fuerza, un acto desproporcionado de bullying salvaje. 

Me parece increíble que gente con la que podría haber compartido un asado desconozca la diferencia entre el debate de ideas y la persecución ideológica. O sea que, si me llegan a invitar a ese asado, no voy a ir. Aunque desde su estupidez pase yo a engrosar la lista de los fucking conservadores con los que nada tengo que ver.

por Edi Zunino

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