martes 21 de septiembre de 2021
Perfil

Chicanas Vidal-Kicillof | Los chicos no crecen

PODCASTS | Por Edi Zunino | 05 de July 12:28

En la campaña del 2019, tanto los equipos de María Eugenia Vidal como los de Axel Kicillof decidieron usar en beneficio de sus respectivos candidatos ciertos atributos extra ideológicos de ambos. En las redes sociales pululaban los posteos sobre el sex appeal tanto de una como del otro y así fue que se empezó a exponer estas características de maneras sutiles y no tanto, pese a que estar buena o bueno nada tiene que ver con la capacidad para gobernar (ni otras capacidades sustanciales, claro). Se sabe que el marketing político apuesta más a los efectismos que a las sustancias y más a las pasiones que a las convicciones.

Ojo que para nada estoy queriendo decir yo que Mariu y Axel sean sólo caras bonitas. Para mí, está clarísimo que personifican el relevo generacional de la clase dirigente argentina y que están por mérito propio en la lista de los presidenciables de esta tercera década del siglo. Claro que no hablo de méritos propios por el “milagro económico” de Kicillof como ministro de Cristina Kirchner ni por la “brillante gestión” de Vidal en la provincia que perdió a manos del otro por casi 15 puntos de diferencia. Pero claro que tampoco hay nadie que les haga sombra por haber transformado de raíz las atrofiadas estructuras productivas nacionales. Mal que mal, y más allá de los gustos, Vidal y Kicillof ganaron experiencia y se los nota lo suficientemente inteligentes para aprender lecciones y bastante sensibles para entender por dónde pasa, de veras, el asunto en este país pauperizado casi al extremo. Ni hablemos del Gran Buenos Aires.

Por eso no es casual que –más allá de los gustos, insisto- se los vea más parecidos que diferentes. Son hijos de la misma clase media profesional y urbana de la Capital Federal y alrededores. Sin ir más lejos, ayer los comparaba Beatriz Sarlo en su columna dominical de PERFIL. Decía:
“Kicillof sabe cantar la canción populista, pero con variaciones más duras y propuestas que suenan racionales. A diferencia de María Eugenia Vidal, sus ideas son nítidas y no se endulzan con la sonrisa que ella reparte entre los vecinos a quienes visita como si fueran sus tíos. El populismo de Vidal es una variante femenina. El de Kicillof, masculina”, escribió Sarlo y pidió que no se la “crucifique por los adjetivos de género, que todavía hoy designan algunos rasgos, pese a las interdicciones de la corrección política”.

Lástima que el nivel de debate entre estos –a mi juicio- mal supuestos polos antagónicos de la escena nacional no se haya dado ni se esté dando por carriles que permitan elevar el contenido de la disputa política y la construcción democrática. Digo, porque la última discusión fue de tono escolar, diría. Surgió porque Vidal quitó de su biografía en Twitter el epíteto de “orgullosamente bonaerense” que ahora le sobra, ya que está decidida a volver a la competencia electoral, pero en la Ciudad de Buenos Aires. Las críticas de los laderos de Kicillof no se hicieron esperar y tampoco las contra-críticas, ya que le recordaron a Axel que él también fue candidato en la Capital.

Digámoslo: ni Vidal ni Kicillof ni nadie se siente “orgullosamente” bonaerense. Sencillamente porque esa identidad no existe ni empezó a existir porque Eduardo Duhalde llamara a concurso para diseñar esa bandera de dudosa calidad simbólica (y estética). Sí existen los localismos municipales y barriales, pero ser “bonaerense” es una entelequia total al lado de lo que significa ser cordobés o correntino o salteño y todas las demás.

Vidal y Kicillof son porteños, en el sentido más concreto y amplio de la expresión, y no sólo porque así los vean los cordobeses, los correntinos, los salteños y todos los demás. Si algo demostró este año y medio de pandemia es cuánto pesa el AMBA (es decir, el Área Metropolitana de Buenos Aires) en cuanto al vínculo inquebrantable de millones de personas hasta para transmitirse un virus a la literal velocidad de un suspiro, por más que las dirigencias se quieran atar a los formalismos jurisdiccionales para afirmarse en sus sillones de mando
.
De su generación –la de Vidal y Kicillof- debería esperarse mucho más que discutir el sexo de los ángeles o lo que dice la mini-biografía tuitera. Hay que salirse de los mandatos del Siglo XX para definir las misiones del Siglo XXI. Un gran aporte sería que aprovecharan sus experiencias de estos años para instalar con fuerza, por ejemplo, la discusión estrátégica para todo el país en cuanto a qué hacer con el AMBA que los vio nacer, crecer y llegar a tomar decisiones por todos. Claro que, para eso, primero deberían animarse a traicionar a mentores, aduladores y por qué no a financistas.

Todo dependerá de si quieren ser los primeros de lo nuevo o los penúltimos de lo viejo, que ya fracasó.

por Edi Zunino

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