domingo 16 de mayo de 2021
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Buenos negocios: el problema no son los precios

PODCASTS | Por Julieta Colella | 21 de April 16:52

Una vez escuché la historia de un reconocido economista, y me quedó muy grabada. Tiempo atrás, tuvo la iniciativa de escribir un libro con mucho esfuerzo y dedicación. Fue tanto el empeño que puso, que decidió ofrecerlo por $5000. Después de la primera publicación, la cruda realidad golpeó al economista en cuestión, porque se encontró con que nadie quiso comprar su libro.

Primero que nada, pensó que el problema era la coyuntura y el complicado escenario económico que estaban viviendo los posibles compradores. Entonces, decidió bajar el precio a $2000, pero, aun así, la gente seguía sin comprar el libro. El autor relata que intentó ser empático con la situación, por lo que bajó el precio del libro a $300. Pero adivinen qué, el libro seguía sin venderse. Su primera conclusión fue que la demanda se estaba comportando de forma muy extraña porque, a pesar de bajar el precio, nadie demandaba su libro.

Un día, el economista estaba por tomarse un subte, y en uno de esos quioscos que están abajo, vio una promoción que le llamó muchísimo la atención. Su libro + 1 alfajor, ambos por $20. Para él fue muy triste darse cuenta que, en realidad, la culpa no la tenía la crisis. A pesar de la oferta, la gente solo se llevaba el alfajor y dejaba el libro. La moraleja de esta historia es que el problema no es que algo sea barato, el problema está en que, a pesar de que sea barato, no aparece el comprador. Con esta historia entendemos que el problema era con el producto y no con su precio.

Creo yo que al día de hoy no hay ninguna duda de que el precio de las empresas, los inmuebles, las tierras, los salarios, los honorarios, los bonos en Argentina está todo, absolutamente todo, a precios de oferta, especialmente si lo comparamos con países similares o países de la región. Pero también, hoy día, las cosas están mucho más baratas que si lo comparamos con otros ciclos económicos de nuestro país. Podría decir que casi que estamos igual que en aquella oferta de quiosco de subte de 2 × 1.

Lo doloroso es darse cuenta de que, a pesar de lo barato que estamos, no aparecen los inversores. Solo de esta manera podemos entender cómo un bono argentino está a un 30 % de su paridad.

Por ejemplo, el metro cuadrado en Argentina está más barato que en Montevideo o que en Asunción, son ciudades de menor infraestructura que Argentina. La única diferencia es que en esas ciudades sobran compradores y aquí en Argentina sobran vendedores. En nuestro país, hay propiedades que están en venta hace años, y el problema claramente no es el precio. No solo nos está faltando inversión extranjera directa, sino que son los propios argentinos los que tampoco confían, ni tampoco quieren invertir en el país.

El punto está, en que el problema ya no es más ni de confianza, ni de credibilidad, ni de rentabilidad, ni de falta de dinero porque podemos asegurar que sobra liquidez en el mundo. El problema es simplemente falta de expectativas futuras.

Mientras los otros países del mundo se pelean por recibir inversiones extranjeras directas, acá nos esforzamos por subir impuestos, en lugar de reducir costos innecesarios e improductivos. Es como si obligaran a alguien que se dedica a la ganadería a vender una vaca para pagar más impuestos. El inconveniente no es solamente que se queda con una vaca menos, sino que se queda también sin el negocio de la leche, sin el negocio de la carne, en fin, se queda sin todos los negocios que está acostumbrado o que puede hacer.

Entonces, todo esto que venimos contando mata a la inversión, destruye a la producción e imposibilita crear empleo. Sin dudas, es un círculo vicioso. Pero, no solo pasa a nivel nacional, las provincias también tienen lo suyo. Hasta incluso, en algunas regiones, se castiga el consumo con tarjeta de crédito, lo que quiere decir que se incentiva el uso de efectivo, se está incentivando la economía informal. Osea, no solo que estamos impidiendo reducir costos totalmente innecesarios, sino que, promoviendo la economía paralela, vamos a terminar recaudando menos.

Si bien el enfoque del comentario de hoy tiene un tinte macro, lo mismo se aplica para cada empresa o negocio en particular. Hay que trabajar en estrategias disruptivas, que nos permitan reducir costos improductivos, y que nos permitan ganar mercado, independientemente del valor monetario del producto, de la coyuntura económica, o de la competencia. Pensando más allá de la caja, como se suele decir, se pueden hacer buenos negocios, contra todos los pronósticos.

por Julieta Colella

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