martes 15 de junio de 2021
Perfil

Acerca del Romance del prisionero

PODCASTS | Por Elisa M. Salzmann | 07 de May 18:00

La lírica española es parte de nuestra herencia cultural. Como dijo Pablo Neruda, en su famoso texto, la palabra incluído en Confieso que he vivido: “se llevaron el oro y nos dejaron el oro...Se llevaron todo y nos dejaron todo...Nos dejaron las palabras.”.

El romance es ese tipo de composición que nace anónima como la lírica en general y pasa de pueblo en pueblo, de tiempo en tiempo conservando casi siempre una estructura común y adaptándose a otras pequeñas innovaciones. En el romance la rima del verso octosílabo sirve como recurso sonoro y musical pero también como ayuda mnemotécnica. Por eso en un tiempo se recitaban poemas en las escuelas para festejar los días de conmemorar.

Hay muchos tipos de romances y a lo largo de los siglos muchos autores han revivido esta forma porque sabemos, la poesía es germen de toda la literatura. Así podemos recordar entre otros, el hermoso La casada infiel de Federico García Lorca “ Y que yo me la llevé al río / creyendo que era mozuela,/ pero tenía marido/.Fue la noche de Santiago/y casi por compromiso/Se apagaron los faroles/y se encendieron los grillos.En las últimas esquinas/ toqué sus pechos dormidos,y se me abrieron de pronto/ como ramos de jacintos./”en su Romancero gitano.

El Romance del prisionero tiene entre otras características la virtud de valorar casi -metaliterariamente - el canto del pájaro. Cuando hoy, en tiempos de quedarnos puertas adentro leemos o escuchamos este romance, podemos imaginar la música de la calandria y la respuesta del ruiseñor, esa única y privilegiada conexión con el exterior.

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor.

Matómela un ballestero;

déle Dios mal galardón.

También Lord Byron en El prisionero de Chillon dedica una estrofa de su largo poema narrativo a la conexión del prisionero con el canto de un pájaro, dice Byron: “Fue la más dulce melodía que hasta entonces había oído: mis oídos se deleitaron hasta que mis ojos, a su vez, se abrieran movidos por un alegre sorpresa; pues ya no reconocieron la miseria en medio de la cual me debatía. Poco a poco, recobré el uso completo de mis sentidos. Vi de nuevo los muros y el suelo del calabozo que me encerraba; volví a ver el mismo rayo de sol que se filtraba por una grieta de la piedra; vi que un pájaro se había posado en el borde de una estrecha abertura, tan tranquilo y familiar como si estuviera en la rama de un árbol – un pájaro magnífico de alas azules, cuyo canto significaba mil cosas agradables, y parecía cantar únicamente para mí.”

En estos tiempos de clausuras globalizadas, en los que se siente el peso del encierro, escuchar a lo lejos el canto de un pájaro temprano en la mañana o decir un romance en voz alta tal vez traiga un hilo de esperanza como la que sintieron estos dos prisioneros ante el canto escuchado.


 

 

por Elisa M. Salzmann

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