sábado 5 de diciembre de 2020
Perfil

El día que Pinochet murió del todo (y se llevó puestos con él a sus enemigos)

POLITICA | Por Edi Zunino | 26 de October 12:56

El plebiscito de ayer en Chile para terminar con la Constitución pinochetista de 1980 y buscar otras reglas de juego institucional supuestamente más democráticas en el país vecino es un acontecimiento muy importante para la región.

El llamado “modelo chileno” ejerció gran influencia en esta zona de América desde el punto de vista de las variables económicas de corte liberal, pero también desde lo político, a partir de un esquema bi-coalicionista con polos de centro-derecha y centro-izquierda bien marcados que se alternaron en el poder sin interrupciones luego de la dictadura, disfrazando de algún modo los rasgos vitalicios de pinochetismo que se mantuvieron en democracia porque…, bueno, nadie es perfecto y todos tenemos que mirar para adelante… (La Constitución del 80, a la larga se reveló como eso: la versión constitucional de la dictadura, digamos).

El asunto es que, hace un año, toda esa construcción empezó a exhibir su desmoronamiento en los estallidos, las rebeliones y las movilizaciones populares a lo largo de todo el país que, ahora, tienen este resultado en las urnas.

Hay quienes ya sacaron la conclusión de que la gran derrotada de ayer es la “derecha”. Y algo de eso hay, aunque tampoco es absolutamente cierto. La negativa a reformar la Constitución sólo se impuso -y ahí nomás- en los pocos bastiones muy ricos del país, como el Barrio Alto de la capital, Santiago. Pero el aplastante 80% de aprobación a la reforma implicó también otro categórico 80% de respaldo a que las elecciones de convencionales, para las que faltan dos años, se hagan votando todos los cargos y no sólo la mitad, como proponía la Opción 2, dejando que media Convención Costituyente fuese designada por el Congreso, es decir, acorde a los equilibrios actuales de la política partidaria.

Es cierto que el chacal Augusto Pinochet terminó de morir anoche. Sin embargo, el anti-pinochetismo clásico, es decir, la diáspora de la Unidad Popular de Salvador Allende, más la Democracia Cristiana y otros sectores civiles moderados y progresistas no fueron ganadores, por más derecho a festejar que tengan pues promovían con fuerza el “Apruebo”. En las marchas de hace un año y en las que vuelven ahora, las banderas partidarias son rechazadas con furia por los manifestantes, que tampoco avalan en su mayoría la presencia de dirigentes reconocidos, aún de la izquierda más combativa o anárquica o juvenil. 

Chile no está inmerso en un debate ideológico clásico. En la calle no se discuten conceptos del Siglo XX, se exigen derechos del Siglo XXI por las inequidades de todo tipo que el “modelo chileno” creó o no resolvió o complicó más, a través de un aparato institucional donde, para peor, aún mandan sectores militares y los carabineros son protagonistas estelares. En síntesis: desde la muchedumbre que se adjudica un triunfo sin jefes a la vista, se aprecia poco la diferencia entre derecha e izquierda; se percibe, más bien, una derecha hegemónica que impuso, una izquierda cómplice que consintió y, más allá, un “abajo” extenso, muy horizontal y bastante anárquico, por no decir “espontáneo” ya que convocantes en las redes sociales los hay a montones.

La región vuelve a mirar a Chile. Porque pasan cosas de innegable connotación histórica. Y por ese “que se vayan todos” que no logramos sacarnos de adentro.

 

por Edi Zunino

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